Las producciones de superhéroes han explorado durante años la idea del poder, pero pocos títulos lo han cuestionado tan profundamente como Los Increíbles (2004). A diferencia de otros relatos, donde los héroes salvan al mundo sin consecuencias, la cinta animada de Brad Bird se atreve a plantear un dilema más realista: ¿qué sucede cuando tener poderes te convierte en un problema legal?
En Los Increíbles, tras años de actuar como defensores públicos, los superhéroes son demandados, responsabilizados por daños colaterales y finalmente prohibidos. El gobierno los obliga a retirarse, ocultar su identidad y vivir como ciudadanos comunes.
En ese contexto, Los Increíbles se aleja de la típica narrativa de hazañas heroicas para proponer una reflexión sobre la regulación del poder y el peso de lo extraordinario en una sociedad que teme a lo diferente.
Esta interrogante recuerda a The Boys, un universo en el cual los superhéroes son protegidos y explotados por corporaciones, sin embargo, en la película de Pixar ocurre lo contrario: los poderes se vuelven un delito.
En ambos casos la cuestión se trata de cómo se controla el poder, pero las respuestas son opuestas. En The Boys el sistema los convierte en parte del negocio, mientras que en Los Increíbles, el sistema los silencia.
Bob Parr, antes conocido como Mr. Increíble, vive atrapado en ese nuevo orden. La prohibición lo ha condenado a una rutina normal, a un trabajo que no lo motiva y a una vida donde su pasado heroico se ha vuelto un secreto vergonzoso.
Lo que parece un simple conflicto familiar es, en realidad, una crisis de identidad: Bob no sabe quién es sin su traje. Por eso se escapa con Frozono, escucha a la policía por radio y busca cualquier excusa para sentirse útil otra vez. Su nostalgia no es por la gloria, sino por el propósito.
La familia Parr simboliza los distintos modos de lidiar con la represión del talento. Violeta reprime su inseguridad detrás de la invisibilidad y Dash sufre por no poder destacar. En ellos se refleja una idea poderosa: cuando la sociedad castiga la diferencia, incluso lo extraordinario se vuelve una carga.
Los Increíbles funciona como una parábola sobre el miedo al poder, pero también sobre la necesidad humana de usarlo con responsabilidad. La película sigue siendo una historia sobre control, identidad y libertad, una película que disfraza de aventura familiar una pregunta incómoda y vigente: ¿quién decide qué tan increíble o diferente se nos permite ser?
Si bien varias películas de superhéroes han planteado el mismo problema, Los Increíbles logra abordarlo con una complejidad pocas veces vista en un filme animado, mostrando que incluso el cine para todo público puede contener un mensaje profundo.