Review: «Vainilla», el matriarcado de la memoria
La ópera prima de Mayra Hermosillo, Vainilla, no es solo una película: es un álbum de recuerdos cálidos, un eco nostálgico que resuena con la nueva ola del cine mexicano que prioriza lo íntimo y lo personal. Desde el éxito arrollador de Tótem de Lila Avilés ha quedado claro que el público anhela narrativas más cercanas, cargadas de emociones que emergen de la dinámica familiar —padres, hijos, hermanos—, a menudo exploradas a través de la lente de actores debutantes o con un estilo deliberadamente naturalista.
Vainilla, ambientada a finales de los ochentas e inicios de los noventas, se inscribe perfectamente en esta corriente. Su sinopsis nos sitúa en el corazón de un matriarcado de siete mujeres —tías, hermanas, abuela— que luchan por evitar el desalojo de su hogar debido a las deudas crecientes. La historia, narrada desde los ojos de la niña de ocho años, Roberta, es un ejercicio de autoficción, tomando coordenadas de la realidad de la directora sin ser un calco autobiográfico al cien por ciento; creando así una ficción con el peso de la verdad vivida.
2 La evolución del naturalismo cinematográfico
Es justo reconocer que directores como Carlos Reygadas y Amat Escalante fueron precursores de un cine actoralmente naturalista con títulos fundamentales como Luz silenciosa o Heli. Sin embargo, su estilo era notoriamente contemplativo y, en ocasiones, crudo en exceso. La nueva generación, impulsada por el quiebre de la pandemia y abanderada por Lila Avilés, ha sabido recoger el testigo de ese naturalismo, pero inyectándole una narrativa más ágil, menos contemplativa y más enfocada en la emotividad cotidiana, haciendo de esta nueva etapa un cine más accesible sin perder su profundidad.
Vainilla es una gozosa mezcla entre la sensibilidad de Tótem y la estética de la Eterna adolescente. La inclusión de formatos de videograbación caseros (como el VHS) es un golpe de efecto genial que no solo incrementa la nostalgia, sino que sitúa a una generación en una época que le es propia.
3 La niñez como un testigo silencioso y su tono sepia de la memoria
La película se narra desde la perspectiva de una niña testigo, un papel que todos hemos desempeñado en la infancia: observadores de problemas familiares complejos que en ese momento no comprendemos del todo, cuyo verdadero significado se asienta solo mucho tiempo después, al revisitar esos recuerdos. Hermosillo utiliza un estilo que atañe a la memoria cálida, con un tono sepia que evoca la sensación de indagar en el pasado de alguien más y, por alguna razón misteriosa y universal, sentir que esos recuerdos también nos pertenecen.
Natalia Plascencia, la Camaleónica Limbania
Entre el elenco de actrices prácticamente desconocidas o «naturales», destaca la actuación impresionante de Natalia Plascencia como Limbania, la tía responsable de gastar el dinero de la renta en alcohol. Plascencia, quien ha venido cimentando una sólida carrera en papeles secundarios en cintas notables como Familia y Las locuras (ambas de Rodrigo García), demuestra una vez más su capacidad camaleónica. No tengo la menor duda de que, con este papel, muy pronto nos dará la sorpresa con un gran protagónico que la consagre.
4 Una joya moderna del cine mexicano actual
«Vainilla» se alza como una joya moderna y profundamente nostálgica del cine nacional, no solo por su sensibilidad, sino por el reconocimiento internacional que respalda su guion. La película ganó el premio al Mejor Guion en la categoría de Autores Menores de 40 años en el Festival de Venecia, un logro que subraya la frescura y el talento emergente de Mayra Hermosillo.
«Vainilla» de Mayra Hermosillo es la nueva joya del cine íntimo mexicano. Nostalgia pura a través de un matriarcado en los 90. Con un estilo que fusiona «Tótem» con la calidez del VHS, nos recuerda que la infancia es el testigo silencioso de la memoria familiar.