El director oaxaqueño Rigoberto Perezcano ha demostrado una constante evolución en su filmografía, pasando de un realismo social sutil a una propuesta visual y narrativa de un clasicismo evocador, sin sacrificar su interés por las realidades complejas de su tierra natal.
El Punto de Partida: Norteado
Su ópera prima, Norteado (2009), ya marcaba una aproximación singular a un tema tan explorado como la migración. En ella, Perezcano optaba por una puesta en escena sobria y minimalista, casi austera, que se centraba en la psicología del migrante varado en Tijuana. La visualidad era contenida, buscando la verdad en los gestos, los silencios y los espacios. A pesar de su tono, introducía sutiles esbozos de humor y calidez humana, desviándose del melodrama. El muro, la frontera, se convertía en un personaje más, pero la cámara se enfocaba en la soledad y la espera del individuo.
La Evolución Estética: De la Sobriedad al Preciosismo
Con Los amantes se despiden con la mirada, Perezcano da un salto significativo en su propuesta visual. La película no solo representa un regreso a la sierra oaxaqueña, su entorno original, sino que lo hace con una estética esteta y preciosista que remite directamente a la Época de Oro del cine mexicano, aun sin pertenecer a ella.
La decisión de rodar en blanco y negro es clave: Este formato no es un mero capricho, sino un recurso narrativo que:
Refuerza el clasicismo: Proporciona una cualidad atemporal a la historia, como si fuese un relato mítico o una leyenda.
Destaca la forma y el fondo: Al despojar la imagen del color, obliga al espectador a concentrarse en la composición, la textura de los paisajes, la iluminación y, sobre todo, la expresividad de los rostros, logrando un clasicismo narrativo y visual muy evocativo.
Fondo: Amor, Tradición y Violencia
En el corazón de la historia late un romance entre dos jóvenes que se desarrolla en el majestuoso pero implacable paisaje de la sierra oaxaqueña. Perezcano aborda sin tapujos una tradición social vigente: el matrimonio pactado de las hijas a cambio de una dote económica o en especie. La película se convierte así en un grito contra el matrimonio infantil y una crítica a la cosificación de la mujer.
Cuando los dos protagonistas eligen el camino de la rebeldía y la fuga, desatan una oleada de violencia que impacta no solo sobre ellos, sino también sobre sus familias. Este conflicto entre el deseo individual y la ley comunitaria es el motor dramático, excelentemente contado, narrado y con mucho corazón, como bien señalas.
La Poesía en la Imagen y el Relato
Lo que eleva a esta producción a una pieza única es la manera en que la forma estética envuelve el fondo social. Los valores visuales y narrativos incorporan esbozos de realismo mágico.
La atmósfera, la resignación y la conexión profunda con la tierra y la muerte, evocan directamente la creatividad literaria de Juan Rulfo. Asimismo, la manera en que el amor se enfrenta a la imposición social, quizás con un toque de dulzura trágica, puede recordar la fantasía que impregna la prosa de Laura Esquivel. El director se preocupa por la forma de la estética visual y sus detalles de producción, pero siempre al servicio de la historia de amor.
Los amantes se despiden con la mirada es una demostración de que el cine de Perezcano ha encontrado un equilibrio perfecto entre la denuncia social (el fondo) y la belleza artística (la forma). Es un drama de época sin serlo, un testimonio social revestido de poesía, y un triunfo del sentimiento sobre la costumbre.
«Los amantes se despiden con la mirada» de Perezcano es un poema filmado en blanco y negro. Un clasicismo que envuelve la rebeldía: la estética de la Época de Oro al servicio de una crítica social urgente. ¡Forma y fondo que nos fascinan y conmueven!