Review: Muere mi amor, frenesí cinematográfico

1 Prólogo a la tensión: el estilo silencioso de Ramsay

El cine de Lynne Ramsay se distingue por una cadencia que hipnotiza y aterra a partes iguales. Su estilo es el de la violencia pausada, donde la contención emocional de sus personajes actúa como un dique que amenaza con romperse en cualquier instante. Hay un lenguaje no verbal que grita en sus obras, con personajes a menudo silenciosos y contenidos que, sin embargo, nos permiten atisbar la tormenta que se gesta en su interior. La cámara de Ramsay se detiene, observa, sin prisa, dejando que la incomodidad se cuele por los intersticios del encuadre. Este acercamiento, que privilegia la sensación sobre la explicación, encuentra un nuevo y estremecedor pico en su más reciente obra, Muere mi amor.

2 La obsesión al límite

Con Muere mi amor, Ramsay sigue explorando la psique humana llevada a un punto de no retorno. La directora utiliza un material tan delicado como la depresión posparto para delinear a Grace, un personaje interpretado con una maestría perturbadora por Jennifer Lawrence. La actriz se entrega a la espiral destructiva de una madre primeriza que ve cómo la nueva realidad desmantela su personalidad, llevándola a un estado de obsesión destructiva al límite.

Frente a ella, Robert Pattinson encarna a Jackson, un esposo adecuado que hace lo posible por contener la implosión de su esposa, aunque sus esfuerzos se sienten a menudo tan inútiles como un grito en el vacío. 

La química entre ambos actores es innegable, desarrollando una danza de la irritación que es, deliberadamente, uno de los puntos focales de la película. Lawrence y Pattinson logran que sus personajes resulten exasperantes –Grace por su espiral autodestructiva y Jackson, quizá, por una contención que se percibe como pasividad o ineptitud–; y en esa irritación reside gran parte de la potencia del filme.

Ramsay no se preocupa por ser lúdica ni por suavizar el golpe emocional; la desesperación y el límite simplemente pasan y ya. No hay adornos dramáticos excesivos, solo una cruda, casi documental, inmersión en la cotidianidad rota de esta pareja. La directora indaga en ese territorio donde el amor y la destrucción se tocan, donde el vínculo más íntimo se convierte en el catalizador del colapso.

3 Más Allá del Entretenimiento: El Cine Incomoda y Cuestiona

El cine, más allá de ser un entretenimiento para las masas, tiene la potente capacidad de incomodar, de causar una sensación visceral y duradera en el espectador. Muere mi amor de Lynne Ramsay cumple este cometido con creces. No es una película diseñada para ser «disfrutable» en el sentido tradicional; es una experiencia que tensa, frustra y fuerza a la confrontación con temas tabú.

En este contexto, la película pone sobre la mesa una realidad desgarradora: la depresión puerperal (posparto), un trastorno del estado de ánimo que se estima afecta a un 10-15% de las gestantes a nivel mundial. Las consecuencias de esta condición no reconocida ni tratada son profundas, afectando no solo la salud física y mental de la madre, sino también el desarrollo físico, cognitivo y emocional del bebé. En los casos más severos, como la psicosis puerperal (que ocurre en 1 de cada 500 madres), existe el riesgo de infanticidio y suicidio, siendo este último una de las causas de muerte materna más importantes en el periodo perinatal. La película de Ramsay, aunque ficción, nos obliga a mirar de frente las sombras de la maternidad idealizada.

4 Una Obra Inolvidable, Aunque No Repetible

Debo confesar que Muere mi amor no me gustó en el sentido placentero de la experiencia cinematográfica. Me logró incomodar e irritar a tal grado que dudo volver a verla. Sin embargo, esta aversión personal es, paradójicamente, una prueba de su calidad y poder. El arte que persiste en la mente, que genera una reacción tan intensa y que fuerza a la reflexión, no puede ser calificado como un mal cine. Ramsay ha creado una obra de arte implacable, sostenida por dos actuaciones que, en su irritante humanidad, son absolutamente brillantes.

Jennifer Lawrence y Robert Pattinson son dinamita en Muere mi amor, una obra de Lynne Ramsay que comprueba que el cine debe incomodar para ser inolvidable. El poder de las imágenes y sus actuaciones al límite. 

Spoiler Show #11