Antony Starr: el supervillano que conquistó al público

Antony Starr no necesitó capa ni kryptonita para dominar la cultura pop. Le bastó una sonrisa incómoda, una mirada contenida y un vaso de leche para crear a uno de los personajes más perturbadores y fascinantes de la televisión contemporánea: Homelander, el oscuro reflejo del héroe americano en The Boys.

Y hoy, 25 de octubre, que el actor neozelandés celebra su cumpleaños, no hay mejor momento para reconocer cómo su talento ha hecho temblar la idea misma del “superhéroe”.

En la era de los multiversos de Marvel y las epopeyas de DC, Starr apareció como un meteorito. The Boys, estrenada en 2019 en Prime Video, ofreció una dosis brutal de sátira y violencia: un mundo donde los superhéroes son celebridades corruptas y narcisistas. Pero el corazón (o la bomba) de la serie es él: Homelander, una parodia retorcida de Superman que encarna todo lo que la cultura de la imagen y el poder mediático tienen de tóxico.

Antony Starr convierte cada gesto del personaje en un estudio de la psicopatía moderna. Su Homelander no grita ni golpea sin motivo: observa, sonríe, manipula. Es el tipo de villano que no solo destruye con rayos láser, sino con inseguridad, ego y miedo. Es un personaje aterrador porque podría existir. Representa al líder narcisista que exige amor a cambio de miedo, al influencer que confunde adoración con identidad.

Starr ha logrado lo impensable: convertir a un monstruo en un fenómeno de masas. Homelander es hoy un ícono viral. Sus escenas circulan en TikTok y X (Twitter) como memes que mezclan humor y terror. Esa dualidad —que provoque risa y escalofríos a la vez— es mérito del actor, no del guion.

Lo interesante es cómo Starr dota al personaje de humanidad sin redimirlo. Bajo la superficie del psicópata late un niño roto que busca aprobación. Esa grieta lo hace inquietantemente real. No es casualidad que muchos fans encuentren en él una figura “cool”, pese a que representa todo lo opuesto a la moral heroica.

Starr lo interpreta con un control técnico admirable: su mirada lo dice todo, pasando del encanto al odio en una milésima de segundo. En un instante, el espectador olvida que está viendo una serie de superhéroes y entra en un terreno más oscuro: el del narcisismo contemporáneo.

Antony Starr nació en Auckland, Nueva Zelanda, y pasó años construyendo su carrera lejos de los reflectores de Hollywood. Su talento ya había brillado en la serie Outrageous Fortune y, más tarde, en Banshee, donde interpretó a un exconvicto que se hace pasar por sheriff. Ambas producciones demostraron su dominio del carisma peligroso, pero fue The Boys la que lo catapultó al Olimpo del entretenimiento global.

Curiosamente, su salto a la fama internacional llegó cuando interpretó al tipo de personaje que casi nadie quiere ser. Mientras otros actores buscan héroes, Starr encontró su nicho en los villanos complejos, esos que incomodan al espectador.

Y el resultado ha sido monumental: su Homelander no solo redefine al antagonista moderno, sino que ha colocado a Starr en el centro de debates culturales sobre el poder, la masculinidad y la moral.

The Boys es, en muchos sentidos, un espejo roto de la cultura superheroica. Lo que antes era sinónimo de esperanza, ahora refleja corrupción, manipulación mediática y control corporativo. Starr canaliza esa crítica con precisión quirúrgica. Homelander es una figura mesiánica: idolatrada por las masas, explotada por las empresas y temida por quienes lo conocen realmente.

Lo que hace tan potente su interpretación es que no se basa solo en la maldad. Starr humaniza la megalomanía. Muestra al superhombre como un producto de trauma, fama y poder ilimitado. Por eso, cada escena con él tiene la tensión de un campo minado: sabemos que puede sonreír… o destruirlo todo.

Antony Starr parece consciente del lugar que ocupa en la cultura pop. En redes, responde con humor a los memes y a los fans que lo adoran y temen por igual. Esa complicidad lo ha convertido en una figura querida incluso fuera del papel que lo hizo célebre.

Además, su capacidad para equilibrar lo aterrador con lo cómico lo distingue de otros intérpretes del género. Homelander puede pasar de la ternura a la locura en segundos, y Starr domina ese vaivén con precisión de relojero.

No es casual que, mientras otros héroes de pantalla grande se vuelven intercambiables, Homelander permanezca como una de las figuras más memorables del streaming actual.

Hoy, en su cumpleaños, Antony Starr celebra algo más que años: celebra haber redefinido el concepto de héroe televisivo. Su actuación en The Boys no solo es una lección de actuación, sino también un comentario mordaz sobre la era del espectáculo, donde el poder y la aprobación pública valen más que la moral.

Y quizás ahí radica su verdadera genialidad: Starr nos recuerda que, en el fondo, los monstruos que vemos en pantalla no son tan diferentes de los que seguimos en las redes.

Antony Starr no es un héroe convencional. Pero en la televisión moderna, donde los límites entre el bien y el mal se desdibujan, tal vez eso sea exactamente lo que necesitamos.

Spoiler Show #11