Cuando Eiichiro Oda comenzó a publicar el manga One Piece en 1997, pocos imaginaron que la historia de Luffy y su tripulación se convertiría en el manga más vendido de la historia.
Más de 500 millones de copias impresas después, su adaptación live-action en Netflix en 2023 parecía un riesgo titánico, con la duda, ¿cómo trasladar la magia del anime sin perder su esencia?
El resultado superó las expectativas: la serie se estrenó en el top 1 de más de 80 países y se mantuvo semanas en el ranking global de Netflix. Pero más allá de los números, lo importante fue el nuevo público que logró sumar.
El live-action se convirtió en una puerta de entrada al universo One Piece para millones de personas que nunca habían leído un manga o visto un anime.
De acuerdo con datos de Netflix, más del 30 % de quienes vieron la serie no habían consumido previamente animación japonesa. Un caso único donde una adaptación no sólo complació a fans veteranos, sino que expandió las fronteras del fandom.
Uno de los mayores aciertos que ocasionó el fenómeno del live-action de One Piece fue el casting. Mackenyu, Emily Rudd, Jacob Romero y Taz Skylar dieron vida a Zoro, Nami, Usopp y Sanji, respectivamente, con frescura y compromiso.
Pero fue Iñaki Godoy, actor mexicano, quien se convirtió en el corazón del proyecto como Monkey D. Luffy.
Lejos de imitar, Iñaki capturó la esencia del personaje: su optimismo desbordante, su torpeza encantadora y su convicción inquebrantable.
La sonrisa de Luffy encontró en él un rostro genuino que conectó con públicos de todo el mundo. Su elección no sólo representó un triunfo para el casting inclusivo y diverso, también marcó un evento clave, un joven latino quien encabeza una de las franquicias más grandes del planeta.
La recepción fue inmediata, miles de fanarts, memes y mensajes celebraron la autenticidad con la que Iñaki encarnó al capitán de los Sombreros de Paja. Para muchos, la serie no habría funcionado sin él.
Las redes sociales hicieron el resto, los sombreros de paja inundaron TikTok, los fanarts de Iñaki Godoy como Luffy se multiplicaron en X y los cosplays revivieron en convenciones.
One Piece dejó de ser un fenómeno “otaku” para convertirse en cultura pop mainstream, y así generar una conversación intergeneracional.
Un factor clave que también causó el fenómeno del live-action de One Piece fue la supervisión de Eiichiro Oda, quien mantuvo control creativo y validó el casting.
Su respaldo legitimó la adaptación y calmó el escepticismo inicial, demostrando que un creador involucrado puede ser la diferencia entre un producto olvidable y un fenómeno global.
Si antes el live-action de anime era sinónimo de fracaso, sólo basta con recordar los de Bleach o Death Note, pero One Piece abrió una nueva ruta.
Hoy, plataformas y productoras ya planean más adaptaciones con la esperanza de replicar ese éxito, desde Yu Yu Hakusho hasta Solo Leveling.
El viaje de los Sombreros de Paja siempre fue sobre perseguir sueños imposibles.
Con su adaptación al live action, One Piece no sólo conquistó océanos narrativos, gracias a un elenco entregado y a la sonrisa inquebrantable de Iñaki Godoy, demostró que la imaginación japonesa puede navegar libre por todos los mares del entretenimiento y que esta primera entrega sólo es el inicio de algo más grande.