Hoy, 5 de agosto, James Gunn cumple años, y no es exagerado decir que lo hace en la cima del universo cinematográfico… o mejor dicho, en dos universos. Pocas veces un cineasta ha sido pieza clave tanto en Marvel como en DC, y menos aún alguien con orígenes tan poco convencionales como los de Gunn. Su historia es la del outsider que, sin renunciar a su identidad irreverente, ha logrado conquistar Hollywood a su manera.
James Gunn: De marginado a rey del cine de superhéroes
Antes de dirigir blockbusters multimillonarios, James Gunn comenzó en el rincón más underground del cine: Troma Entertainment. Esta compañía independiente, famosa por películas absurdas, sangrientas y deliberadamente malas como The Toxic Avenger, le permitió a Gunn iniciarse como guionista y director con plena libertad creativa. Su debut como guionista fue con Tromeo and Juliet (1996), una versión grotesca y punk del clásico de Shakespeare.
Aunque estos inicios no auguraban un futuro en la élite de Hollywood, marcaron su estilo: humor negro, violencia caricaturesca, personajes inadaptados y un tono transgresor que combina la sátira con el afecto genuino por los «bichos raros».
Durante los 2000, Gunn empezó a acercarse al mainstream, sin dejar del todo su vena subversiva. Escribió el guion del remake Dawn of the Dead (2004), dirigido por Zack Snyder, y luego dirigió Slither (2006), una comedia de terror que homenajea al cine de criaturas de los 80.
Pero fue con Super (2010), protagonizada por Rainn Wilson y Elliot Page, que empezó a coquetear abiertamente con el género de superhéroes. A diferencia de las cintas de Marvel o DC, Super es oscura, incómoda y ultraviolenta. No es una película para todos, pero sí un manifiesto de lo que Gunn entendía por justicia, trauma y redención. Temas que, años después, llevaría a un público masivo.
En 2014, Marvel Studios tomó una de sus decisiones más arriesgadas: contratar a James Gunn para dirigir Guardianes de la Galaxia, una película basada en personajes poco conocidos del catálogo cósmico de la editorial. Y no solo eso: el estudio apostó por un elenco insólito (Chris Pratt, un mapache parlante, un árbol con vocabulario limitado) y por un estilo que rompía con la solemnidad de otros títulos del UCM.
El resultado fue un fenómeno global. Gunn convirtió a los marginados en protagonistas y a la música de los 70 y 80 en motor narrativo. Con humor irreverente, acción emotiva y una sorprendente sensibilidad, Guardianes redefinió lo que una película de superhéroes podía ser. La trilogía posterior solo reforzó su estatus: Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (2017) y Vol. 3 (2023) cerraron con fuerza un arco emocional que, en el fondo, siempre fue sobre pertenencia, duelo y familia.
En 2018, Gunn fue despedido brevemente de Guardianes de la Galaxia Vol. 3 debido a la reaparición de tuits polémicos de su pasado. Paradójicamente, esto abrió una nueva puerta: Warner Bros. lo contrató para rehacer The Suicide Squad (2021), y le dio carta blanca creativa. El resultado fue una versión infinitamente más salvaje, divertida y sangrienta que la entrega anterior. Gunn no solo revitalizó a Harley Quinn y compañía, sino que introdujo a Peacemaker, personaje que luego protagonizaría su propia serie en HBO Max con un inesperado éxito crítico.
Marvel lo reincorporó poco después, y así Gunn se convirtió en uno de los pocos directores en trabajar en ambos bandos del cine superheroico, sin perder ni un ápice de su estilo personal.
En 2022, Warner Bros. tomó otra decisión audaz: nombrar a James Gunn como codirector de DC Studios, junto a Peter Safran. Su misión: reiniciar el universo cinematográfico de DC con una nueva visión cohesiva. La piedra angular de ese proyecto sería Superman (2025), escrita y dirigida por el propio Gunn.
A diferencia de otras versiones recientes del personaje, Gunn prometió una película más luminosa, centrada en la bondad inherente de Clark Kent y en su lucha por equilibrar su herencia kryptoniana con su humanidad. Al igual que lo hizo con personajes como Rocket Raccoon o Peacemaker, Gunn nos entregó ya al Superman más empático del cine moderno.
Más allá de los efectos especiales y los universos compartidos, lo que define a James Gunn es su amor por los inadaptados. Sus personajes suelen ser imperfectos, rotos, incluso despreciables… pero profundamente humanos. Con ellos, Gunn explora temas como el abandono, la culpa, la redención, la necesidad de pertenecer y la capacidad de cambiar.
Y lo hace con una mezcla que parece improbable pero funciona: música nostálgica, diálogos afilados, violencia estilizada y, en el centro, un corazón sincero. Su cine puede ser ruidoso y bizarro, pero rara vez es cínico.
Este 5 de agosto, James Gunn celebra su cumpleaños siendo uno de los pocos cineastas con total libertad creativa tanto en Marvel (donde acaba de cerrar su ciclo) como en DC (donde lo empieza). Desde sus orígenes en el cine basura hasta ser el arquitecto del nuevo Superman, su carrera es la prueba de que la autenticidad —incluso la más extraña— puede triunfar en la maquinaria de Hollywood.
Y si algo nos ha enseñado Gunn es que los marginados, los rechazados y los rotos también merecen salvar el mundo… con estilo.