El club perfecto, el poder de la nostalgia

Tenemos miles de películas que atacan la nostalgia ya sea de la década de los setenta, ochenta, noventa y creo que el ser humano vive en parte gracias a esa energía que se recrea con recordar lo que se vivió en alguna parte de la vida. 

Ya lo dice Woody Allen en “Media noche en París”: “Nunca me puedo decidir qué París me gusta más, si de día o de noche”.

La mayoría estamos atrapados entre sí nuestro presente o cierta época de nuestra juventud fue o es mejor en nuestra vida. Lo que sí es cierto es que el entretenimiento se está encargando de traer a nuestra memoria tiempos en los que fuimos felices o no. Este efecto nostalgia está funcionando muy bien cuando se emplea con respeto y no solo por obtener dinero con esto.

Woody Allen en “Media noche en París”, por medio de un personaje imaginario pone en entre dicho si queremos vivir en una época o en otra. Esta división la plasma por medio de otro personaje con una crisis creativa y existencial y este viaje en el tiempo logra ubicarlo en que un buen pasado crea un buen presente. 

Por eso, “El club perfecto” de Ricardo Castro.

Una prepa en la década de los dosmiles alberga muchas historias y una de estas es la de un joven que cambia de escuela y en el proceso de adaptación que debe hacer para encajar nuevamente se reencuentra con un viejo amigo que le dejó de hablar de un día para otro. El adaptarse por un momento se volvió algo más rudo de lo normal cuando tampoco el maestro de cálculo lo hace más fácil con sus exámenes sorpresa, semanales, mensuales y anuales. Este chico en una pelea y detención en la dirección encuentra la forma de robarse los exámenes de cálculo y crear una copia para ayudar a su grupo. Así se logra un equipo de robó de exámenes muy efectivo que se vuelve entrañable en este coming of age vintage con buena nostalgia. 

Armada con celulares análogos y mensajes dos vias, Messenger y mensajes vibratorios, cd’s y reproductoras de discos o MP3 con memorias USB, “El club perfecto” logra crear una química perfecta entre una buena historia como es el robo de exámenes por un grupo de jóvenes, la música de la época y el espectador que la ve. La película se deja querer con una narrativa y montaje llena de guiños muy bien introducidos que recuerdan esa década de los dosmiles post “Matrix” y Keanu Reeves siendo Neo.

El director logra también una sinergia actoral juvenil como en pocos proyectos cinematográficos que evoquen una época en la que estos actores ni siquiera aún nacían. Se nota una cariñosa y concienzuda investigación sobre la época, su lenguaje, objetos, música y contenido cultural que regía a la sociedad de su momento. Esto bien llevado logra que quien ve “El equipo perfecto” sea realmente perfecta para disfrutar en el cine y después en su plataforma VIX. 

Debo reconocer que al final la película me dejó un nudo en la garganta por el respeto que la película y su equipo de arte y actores tienen por la época en la que yo estaba descubriendo tantas cosas sobre mí, mi cinefilia y el futuro que venía. Mencionaba en el inicio de este texto que un buen pasado crea un buen presente, así que pienso que el recordar lo que se hizo, bueno y malo, nos ayuda también a tomar las mejores decisiones hoy.

Así, “El club perfecto” de Ricardo Castro se convierte en una de mis películas mexicanas favoritas de este 2025. ¡Es entrañable, sensible y desmadrosa! 

Spoiler Show #11