Cómo IntensaMente cambió el rumbo creativo de Pixar

Cuando IntensaMente llegó a los cines un 19 de junio de 2015, parecía una propuesta más dentro del repertorio exitoso de Pixar. Tenía personajes entrañables, un mundo visualmente atractivo y ese humor característico que funciona tanto para niños como para adultos. Pero lo que parecía otra aventura animada se convirtió en una auténtica revolución emocional y creativa para el estudio.

A partir de IntensaMente, Pixar no volvió a ser el mismo. Esta película no solo fue un hito narrativo y técnico, sino que marcó un cambio de paradigma: abrió las puertas a temas más introspectivos, complejos y filosóficos que antes solo se rozaban superficialmente. ¿Cómo logró esta cinta transformar el corazón creativo de uno de los estudios más influyentes del cine contemporáneo? La respuesta está dentro… literalmente.

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Antes de IntensaMente, Pixar era sinónimo de aventuras externas: juguetes que cobran vida, monstruos que trabajan recolectando gritos, coches parlantes que compiten en carreras. Aunque siempre hubo emoción y humanidad en esas historias, el conflicto principal solía venir del entorno.

Con esta historia, la narrativa se desplazó hacia el interior de los personajes. Pete Docter —director de esta joya animada— propuso contar una historia que ocurre literalmente dentro de la mente de una niña. Las emociones se volvieron protagonistas: Alegría, Tristeza, Furia, Temor y Desagrado personificaban lo que ocurre en el mundo emocional de Riley, una niña enfrentando el duelo del cambio y la pérdida.

El gran giro fue este: IntensaMente no ofrecía una aventura donde la emoción se colaba como subtexto, sino que convirtió la emoción en el conflicto central. ¿Y lo mejor? Funcionó para el público de todas las edades.

No hay que subestimar lo arriesgado que fue lanzar una película con una protagonista que llora, que no siempre es feliz, y cuya solución no es eliminar la tristeza, sino integrarla. Pixar apostó por mostrar la importancia de permitirnos sentir.

El resultado fue rotundo: IntensaMente ganó el Óscar a Mejor Película Animada y recaudó más de 850 millones de dólares. Pero más allá de los premios y la taquilla, lo que dejó fue un nuevo camino: uno en el que Pixar entendió que el cine animado también podía ser una herramienta profunda de reflexión emocional.

Desde su estreno, varias películas del estudio han seguido explorando conflictos internos, identidades complejas y temas filosóficos. Aquí algunos ejemplos clave:

1 Coco (2017)

Aunque se ambienta en la colorida festividad mexicana del Día de Muertos, Coco también se centra en la memoria, el legado familiar y el olvido como muerte emocional. La conexión con los recuerdos —tema que IntensaMente aborda con sus esferas de memoria— se intensifica aquí con una narrativa que pone el foco en el duelo y la reconciliación familiar.

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2 Luca (2021)

Una historia de aceptación, transformación y el miedo al rechazo. Aunque su tono es más ligero, Luca explora el sentirse “diferente” y cómo las emociones moldean la identidad en la niñez. También pone en primer plano la amistad como pilar emocional.

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3 Soul (2020)

Quizás el ejemplo más claro del legado de IntensaMente. Soul se pregunta qué nos hace ser nosotros mismos, qué valor tiene la vida y qué pasa cuando nos enfocamos demasiado en la productividad y no en disfrutar el presente. No es coincidencia que también esté dirigida y escrita por Pete Docter.

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4 Elemental (2023)

Esta cinta vuelve al recurso de personificar emociones o conceptos abstractos (en este caso, los elementos naturales) para hablar de identidad, migración, diferencias culturales y amor. Aunque su tono es más romántico, su ADN emocional se conecta con la introspección de IntensaMente.

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Uno de los mayores logros de IntensaMente fue formar una nueva generación de espectadores: niños y niñas que aprendieron que sentirse tristes está bien, que no todo debe resolverse con una sonrisa forzada.

Esta película normalizó el lenguaje emocional en el cine familiar, y de paso, en muchos hogares. Padres, madres y educadores comenzaron a usarla como herramienta para hablar de emociones, ansiedad y autoestima. ¿El cine como psicólogo infantil? Pixar no lo inventó, pero definitivamente lo popularizó.

Con IntensaMente 2, Pixar volvió a la mente de Riley, ahora adolescente. La llegada de nuevas emociones como Ansiedad o Envidia no solo planteó un reto narrativo, sino que se convirtió en una oportunidad para confirmar que el estudio está comprometido con una visión más adulta, sin dejar de ser accesible para los más jóvenes. Lo cierto es que, gracias a IntensaMente, las expectativas del público hacia Pixar ya no se basan solo en el nivel técnico o visual, sino en la profundidad de sus historias.

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IntensaMente no fue una simple película sobre emociones. Fue una declaración de principios. Pixar entendió que madurar no es perder la magia, sino usarla para contar historias más humanas. Y eso lo cambió todo.

Desde 2015, el estudio ha explorado territorios más íntimos, ha dado espacio a la vulnerabilidad, y ha demostrado que la animación no es un género menor, sino un medio con el potencial de transformar cómo nos entendemos a nosotros mismos.

Así, la verdadera aventura de Pixar ya no ocurre en el espacio, en la carretera o en el fondo del mar. Ahora, ocurre adentro. Y eso es, sin duda, el viaje más importante de todos.

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