Me gustan los regodeos de estilos de directores que saben que su sello es inconfundible. Hay varios así como Los hermanos Coen, Francis Ford Coppola, Lars von Trier, etc. Muchas de las películas de estos realizadores tienen una forma autoral tan marcada que, con solo ver un plano podemos saber de quién es.
Algunos casos cinematográficos con esta característica funcionan y otros no. De los que sí, puedo decir algunos ejemplos como “La casa de Jack» de Lars von Trier (2018), donde el director danés redobla su afán intelectualoide de homenajearse a sí mismo. Con una duración de dos horas y media el director llevaba su ya conocida violencia hacia las mujeres y ahora niños a grados que para muchos resultó en más de cien abandonos durante su proyección inaugural en el Festival de Cannes 2018. Te podrás ir de la sala indignado por ver a Matt Dillon matar a dos niños y luego ponerlos como ornato en una fachada, pero no se puede negar que siempre un plano de von Trier será reconocido en cualquier lugar.
Wes Anderson es todo lo opuesto en visión a Lars von Trier. Pero ambos autores tienen un estilo cinematográfico particular que es reconocible desde un avión. Ya sea por una paleta de colores pastel y encuadres exactos o bien, una apariencia gránulosa, urbana y más desenfocada que nada. No obstante los dos son siempre capitulares, pero también a ambos les encantan los prólogos y epílogos.
Por eso “El esquema fenicio”.
No puedes salir indiferente a una película de Wes Anderson, lo odias o lo amas. Esto pasa porque autores como él llegan a un punto de regodeo autoral en su obra que puede gustar o no, incluso a los fans. Este ejercicio y respeto por ellos mismos y sus directrices, forzados o no, son plausibles, respetables y debemos verlos, porque hoy en día el pastiche, la copia o el remakes son reyes. ¡Anhelamos originalidad!
“El esquema fenicio” tiene una historia en viñetas como ya conocemos de Wes sobre sobre una oscura historia de espionaje que sigue a una tensa relación padre-hija en un negocio familiar. Los giros giran en torno a la traición y las elecciones moralmente grises de todos sus personajes.
Muchos podemos decir que Wes se repite cada película y puede suceder que dejemos de ver algunas de sus películas gracias a ese hastío visual, estilístico cinematográfico que puede suceder con cualquier realizador de cine. Es respetable. Lo que sí, es que no podemos hablar mal de lo que no hemos visto. Yo no soy fan de Anderson, me agrada su estilo pero, puedo prescindir de él cuando yo lo decida, pero aunque lo odie por una película (Asteroid City), asistí sin ninguna expectativa a ver esta nueva película. ¡Vaya que me la pasé muy bien!
Aquí Wes Anderson logra una intrincada historia basada en la reconstrucción de una relación entre padre e hija. El padre (Benicio Del Toro) un empresario moralmente ligero y vengativo. La hija (Mia Threapleton) una novicia que está a punto de tomar sus votos. Ambos deben ceder algunas de las barreras construidas por el alejamiento y la soledad para poder sentirse cerca, pero también confiar el uno en el otro.
Cada secuencia de Wes en esta película pueden ser como pequeñas obras de teatro en corto. No obstante siempre está contándonos algo. A diferencia de otras películas, el director emplea un poco más de violencia, incluso usa desmembramientos y sangre. Su conocida narrativa capitular se percibe más ágil y atrevida; esto da la sensación de una falta de contención estilística pero, hasta en estos grandilocuentes chispoteos de sangre, el director luce estilizado y contenido.
Destaco mucho la química actoral entre Benicio, Mia y Michael Cera. Es en ellos tres, de forma concéntrica, en los que los demás personajes deben de girar. El resto de los actores y sus participaciones resultan, como sabemos, en casi cameos ornamentales pero que aquí todos aportan a la historia de forma activa y nutritiva. Así se se nota un Anderson que decide explorar un poco más dentro de su propio estilo tan “tableaux vivants”, simetría artística, pero también en su narrativa.
Las formas, la estética y el humor de Wes Anderson los conocemos, pues El Esquema Fenicio es algo como nunca has visto antes del director. Divertida, hilarante y sangrienta, ¡sí, hay sangre y es lo más gore que verás a Wes!
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