El cine mexicano se encuentra enfrascado en tres tipos de películas: por un lado tenemos las comedias románticas que nos ayudan a seguir creando industria por las grandes taquillas que logran recaudar; por otro lado, las historias autorales que van a espectadores más especializados a ver un cierto director por su estilo cinematográfico o visual; por último, el género narco o de desapariciones forzadas. No desacredito ninguno de los tres tipos, solo trato de resaltar que el público mexicano oscila entre estas tres narrativas.
Más allá de esto, celebro que, aunque hemos tenido muy buen cine mexicano comercial en el 2023 como Señora Influencer con una extraordinaria Mónica Huarte o un excelente Eugenio Derbez en Radical, generalmente la cartelera mexicana nos inunde de historia que parece que son hechas en serie, con los mismos lugares comunes y sin una identificación cultural evidente que diga que es una película hecha en México.
Y entonces, El Día que Todo Cambió.
Luis Arrieta, en una entrevista que le realicé para Spoiler Time y que pueden ver muy pronto en el canal de YouTube, me comentó que la historia de El Día que Todo Cambió la escribió gracias a una experiencia de asalto que tuvo: su pareja en ese momento fue molestada y él golpeado. Su personaje en la historia va por el mismo camino llevado por la venganza y lograr una justicia personal por sus propios medios.
Javier Colinas, en la misma entrevista, me comentó que cuando Luis Arrieta le ofreció el guion para dirigirlo y confiarle su historia, se sintió con una personalidad enorme por las atmósferas que requería un personaje como este y que todo absolutamente funcionara alrededor de la autodestrucción, la melancolía y la venganza. La película no llega a ser emocionalmente abrumadora para que salgas del cine en plena depresión, pero lo que sí logra es una tensión que te mantiene al borde del asiento por un personaje con el que creas una empatía gracias a su sufrimiento y perdida.
Lo que me gusta de El Día que Todo Cambió de Javier Colinas es que la Ciudad de México se vuelve un personaje sórdido; sirve como una extensión de las emociones de Mario, un hombre que busca una absolución a un ciclo de tristeza que no ha podido dejar atrás desde que le quitaron lo que más quería y anhelaba, una familia con la mujer que ama. Un personaje oscuro y vengativo que deambula por las calles de la ciudad por dos motivos, encontrar a los asesinos de sus sueños o que alguien acabe con su miserable existencia. Ambos escenarios para Mario son más que aceptables, de cualquier forma él gana porque ya no tiene nada que perder.
La película parece una cinta tipo John Wick en la que por algunas escenas Mario se convierte en alguien que todo lo puede… Pero no, tampoco la historia pretende quedarse en esta fantasía: se construye mucho mejor en lo sórdido de su realidad al igual que las calles que camina y los lugares oscuros lúgubres que visita. Debo admitir que el director supo emplear efectivamente una tensión que va en crescendo durante toda la narración y el personaje tiene un arco que elabora muy bien en sentimientos como el luto no resuelto, la venganza y el dolor continuo. Luis Arrieta lo hace muy bien en su propio personaje.
El Día que Todo Cambió de Javier Colinas y con Luis Arrieta es una película que arriesga mucho con una puesta en escena e historia de venganza al estilo hollywoodense pero que logra narrarse a sí misma desde la sordidez de la realidad de su personaje, como buen cine mexicano.
Ya en cines.