Desaparecer por Completo de Luis Javier Henaine entrega el papel más turbio de Harold Torres

El cine de terror mexicano tiene tan pocos representantes que puedo contar con una mano las buenos directores de género. La lista la encabezan: Carlos Enrique Taboada con su tetralogía de horror gótico; Rigoberto Castañeda con KM 31 (2006); Michelle Garza Cervera con Huesera (2023); Isaac Ezban con Los parecidos (2015), El incidente (2014) y Mal de ojo (2022); Halley (2012) y Tiempo compartido (2018) de Sebastián Hoffman; Emilio Portes con Belzebuth (2017); Vuelven (2017) de Issa López. Y ahora, L. J. Henaine con Desaparecer por Completo. 

Un fotógrafo de la alarma o nota roja en esa búsqueda de encontrar la foto más mórbida y escatológicamente horrorosa, fotografía los casos más escabrosos de asesinados, accidentados y desmembrados. Un día se topa con una escena que nunca debió haber visto, puede que sea la última vez que tenga su existencia completa. 

Esta cinta es un ligero guiño al trabajo de Enrique Metinides, fotógrafo de nota roja mexicano que comenzó desde adolescente a fotografiar accidentados, suicidados y muertos en general. Lo llamaban El observador de la muerte. Lo que hace Luis Javier Henaine con Desaparecer por Completo es construir una efectiva y macabra visión de alguien que gana dinero por escarbar en el morbo de la opinión general, no solo eso, también por muchas veces exagerar en imagen el estado del cuerpo para que aún se vea más grotesco. 

El personaje Santiago (Harold Torres) es la imagen del morbo. El espectador empatiza con Santiago en algunos puntos como su lado familiar, que ha dejado de lado por realizar su lado profesional o artístico. Al mismo tiempo, para otros Santiago puede ser un personaje en momentos odioso y antipático por la forma en que está delineado, porque Henaine no nutre el morbo: la película no va por el lado del cine de explotación; no obstante sí ocupa recursos visuales que nos describen el trabajo de Santiago y trata de hacerlo lo más real posible sin caer en lo grotesco. Esto es una línea que el director mantiene muy bien para que su película no se vuelva vulgar de un modo y lograr un horror urbano y espiritual muy bien logrado.

Harold Torres, en una entrevista que le realicé dentro del Festival de Cine de Horror y Fantástico Mórbido, me comentó que probablemente Santiago ha sido el personaje psicológicamente más complejo que ha interpretado por las profundidades emocionales a las que le hizo llegar y que un poco le costó un poco de trabajo salir después de terminar la película.

Desaparecer por Completo juega muy bien sus cartas colocando al espectador en primera persona o testigo de lo que le sucede al personaje y su degradación hasta el final. Esto es gracias al excelente diseño sonoro que logra que vivas la descomposición al mismo tiempo que Santiago.

Este elemento me recordó mucho a Halley (2012) de Sebastian Hoffman, donde Alberto, su protagonista, al igual que Santiago, no pueden detener el proceso de muerte en el que se encuentran. Ambos personajes deambulan por la Ciudad de México como zombis urbanos: Alberto trata de encontrar compañía y Santiago busca una solución a su rápida desintegración. La diferencia entre ambas narrativas es el tiempo. Santiago tiene unos cuantos días para deshacer una maldición que le fue impuesta y que le requiere lo que más ama. Tal vez aquí dialoga mucho con Arrástrame al infierno (2009) de Sam Raimi. Y así Henaine va construyendo una historia de terror llena de guiños y referencias que dan a notar el gran fan del cine de terror que es.

Con Desaparecer por Completo, Luis Javier Henaine logra una obra terroríficamente sensorial e inmersiva que atrapa al espectador en la piel de un personaje sin escapatoria que se encuentra en un espiral descendente a un infierno que nunca imaginó.

Ya en cines

Video
https://www.youtube.com/watch?v=AapgkE7YuyA
Spoiler Show #11