Genzaburō Yoshino terminó de publicar en 1937 la obra literaria que comenzó Yuzō Yamamoto como parte de una serie que no pudo terminar. Yoshiro se dio a la tarea de cambiar el formato de entregas semanales a una novela completa a la que llamó ¿Cómo vives?
De entrada la pregunta envuelve muchas cosas. Existencialismo y un simple cuestionamiento tan simple como ¿tú quién eres? Incluso la respuesta más intelectualizada posible fallaría en responderle, porque al ser humano le cuesta trabajo no cuestionarse, sino responderse.
En el planteamiento original del libro de Yoshino, Junichi Honda, el centro de la historia, es huérfano de padre y su única figura de este tipo es un tío, hermano de su madre que lo frecuenta demasiado y lleva un diario de las interacciones, reflexiones y pensamientos que tienen juntos. A modo de bitácora, el texto es mezclado con la típica narrativa de la novela en la que el personaje llega a cuestionamientos profundos como ¿nosotros somos el centro de nuestra vida o nuestra vida es nuestro centro? Depende desde qué punto de vista lo veamos.
Kimitachi wa Dō Ikiru ka (en inglés se titula The Boy and the Heron, en nuestro español, El Niño y la Garza) de Hayao Miyazaki ahonda en lo antes explicado. Pero, ¿de qué trata?
El Niño y la Garza sigue el desarrollo psicológico de un adolescente a través de las interacciones con sus amigos y su tío. Se basa en el libro del mismo nombre de 1937 de Genzaburo Yoshino.
El libro de Yoshino no pudo haber caído en mejores manos que en las de Miyazaki dentro de Studio Ghibli. El director es el único capaz de impregnar de esa ideología existencialista una adaptación como lo es esta. El respeto por los temas y la importancia de los cuestionamientos se notan importantes así como centrales, probablemente incluso al mismo nivel del personaje principal, al ser la tragedia como la pérdida el mismo punto de partida.
Aquí el protagonista tiene el nombre de Mahito Maki y pasa por un proceso de luto y adaptación que lo encierra en un mundo de fantasía donde se confronta consigo mismo y sus cuestionamientos. La Garza, a forma de Caronte como en el infierno de Dante, es una guía que lo lleva a resolver los cuestionamientos sobre su preexistencia, las razones de la vida que nos llevan a perder a alguien y cómo procesar las ausencias que se adhieren a un plan aún mucho más grande.
Hayao Miyazaki plantea temas complejos e inteligentes a su espectador y lo dota de una oportunidad de analizarse a sí mismo por medio de Mahito y su viaje místico y personal. Las preguntas que este adolescente de 15 años tiene no son fáciles porque cargan culpa de no haber podido haber hecho más por quien perdió. Por lo tanto, lleva a la audiencia a preguntarse si ha hecho lo suficiente por las personas que ama. Es un tema difícil de digerir y eso es solo en la superficie.
El Niño y la Garza está llena de capas ideológicas, místicas y espirituales, sin descartar las emocionales. Hayao Miyazaki se regodea, y no lo digo de forma peyorativa, en un estilo existencialista que cae en lo rebuscado de los temas para construir una paradoja sobre el propósito mismo de nuestra vida. El director llena la pantalla con una animación llena de magia que nos transporta a mundos que en verdad nunca nos imaginaríamos. Su capacidad de llevar de la mano al espectador en un viaje introspectivo e intenso sin que resulte en trauma emocional es tremenda: es magia y sanidad pura.
La película definitivamente es una fuerza melancólica con imágenes poderosas con las que su director nos impregna de temas como la preexistencia, el destino y el propósito. Una animación hermosa llena de imaginación y filosofía apabullantes.
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