Barbie vs. Oppenheimer: el duelo en el que ganamos todos

Gerwig vs. Nolan, Robbie vs. Murphy, rosa vs. negro: el 2023 cinematográfico estuvo signado por un enfrentamiento entre dos tanques que llegaron a las pantallas cinematográficas de todo el mundo. Me refiero, por supuesto, a Barbie y Oppenheimer, las dos películas que encabezan nuestro ranking de mejores películas del 2023, que se estrenaron el mismo día y que, en definitiva, encabezaron un fenómeno cultural pocas veces visto.

Por supuesto, porque evidentemente no sabemos como humanidad disfrutar cuando nos toca algo bueno, cuando se anunciaron las fechas de estreno coincidentes entre Barbie y Oppenheimer, en lugar de celebrar decidimos convertir el suceso en un enfrentamiento. Ojo, no estábamos del todo alejados de la realidad: Barbie y Oppenheimer, como filmes, de buenas a primeras, parecían diametralmente opuestos, casi dos visiones de mundo: uno representando el mundo plástico y rosa de la muñeca más popular del mundo, el otro la mente culposa y torturada de un genio creador.

Sin embargo, aunque muy diferentes a una primera mirada, las dos películas tienen puntos en común. Para empezar, la excelencia de sus directores. Si bien Christopher Nolan tiene una carrera más longeva que Greta Gerwig, Gerwig no falla: basta ver el éxito de Lady Bird y Mujercitas y la cantidad de nominaciones a los premios de la Academia de estos dos filmes para darse cuenta. De Barbie podemos esperar lo mismo, guiándonos por las nominaciones a los Globo de Oro que ya cosechó.

Por su parte, Christopher Nolan es un sello de garantía en sí mismo. Con poco más de 50 años, también cosecha múltiples nominaciones a los premios de la Academia, además de la última gran trilogía de Batman y algunas de las películas más celebradas de los últimos años.

Es cierto, los estilos son diferentes: Nolan se especializa en ahondar en las crisis morales de los personajes, en demostrar cómo el bien y el mal están en constante tensión en nuestro interior, mientras que Gerwig, al menos por lo que podemos ver en Lady Bird y Little Women, se especializa más en historias coming of age y siempre desde una óptica más femenina.

De todos modos, si lo pensamos, también hay un punto en común en estos dos estilos. Tanto Nolan como Gerwig hablan de la identidad de sus personajes: ¿quiénes son cuando la vida apremia? ¿Qué decisiones van a tomar? ¿Cuál es su postura ante el mundo? Así, nos encontramos con un Oppenheimer que luego de años de obsesión por crear la bomba atómica termina arrepintiéndose de su creación y una Barbie que luego de años de vivir en un mundo plástico y perfecto donde reinaba como quisiera debe repensar su posición y sus deseos.

Por el lado de sus protagonistas, Barbie tenía algo de ventaja, al menos en un comienzo: la carrera cinematográfica de Margot Robbie es bastante más robusta que la de Cillian Murphy. Sin embargo, el irlandés no solo gozaba de la confianza de su director (Nolan y Murphy colaboraron en múltiples proyectos), sino que además, para el público, Murphy es nada más y nada menos que Thomas F*cking Shelby de la exitosísima serie Peaky Blinders. Las expectativas para verlo como protagonista, por fin, de un filme de Christopher Nolan – y no en un rol secundario – eran altísimas.

Tanto Robbie como Murphy, por sí solos, eran capaces de llevar audiencia a las salas, más allá de los directores que encabezaran sus proyectos o las historias que contaran los filmes que protagonizaran.

Crédito: Universal Pictures.

Cabe destacar que, si bien los protagonistas de los filmes (directores, actores, etc.) no quisieron alimentar la rivalidad que se planteaba, esta fue básicamente pensada desde los estudios que se encontraban detrás de cada película. Barbie se encontraba debajo del sello de Warner Bros., mientras que Oppenheimer era de Universal.

Para Universal, Oppenheimer fue un regalo del cielo: la película les llegó luego de que Nolan cortara vínculos con Warner Bros. luego de que el estudio comenzara a lanzar, en plena pandemia, sus estrenos de pantalla grande también a la plataforma de streaming Max. El director no aceptó estos términos y decidió llevar su próximo proyecto a la competencia, que terminó siendo Oppenheimer.

Universal, por su lado, para tenerlo contento, aceptó darle absoluto control creativo y la certeza de que no estrenarían nada más durante las tres semanas previas y posteriores al filme. Nolan pudo elegir su propia fecha de estreno para Oppenheimer que, como ya había hecho con filmes como Dunkirk, se ubicó en el tercer fin de semana de julio.

Warner Bros., que conocía a Nolan de tantos proyectos juntos (Dunkirk, sin ir más lejos, es de Warner Bros.) y con el rencor de haber sido reemplazados, le plantó en el mismo fin de semana su película más ambiciosa del 2023: Barbie.

El resultado fue perfecto: el cine, que venía de padecer los años de pandemia, vivió una verdadera fiesta. La gente se acercó a las salas por una u otra película, cuando no por las dos, y los dos filmes, a pesar de sus similitudes y diferencias, arrasaron en taquilla: Barbie es la película más taquillera del año, mientras que Oppenheimer se encuentra solo un poco por detrás.

Aunque el estreno en simultáneo de Barbie y Oppenheimer es un claro ejemplo de contraprogramación, ese fenómeno que rivaliza dos productos culturales, en ese duelo los ganadores fuimos nosotros: en medio de una abrumadora cantidad de remakes, secuelas, precuelas y quién sabe qué más, tuvimos en un mismo año y en un mismo fin de semana el estreno de dos filmes originales y de excelencia que, seguramente, arrasarán en la temporada de premios que se viene.

Spoiler Show #11