Antoine Fuqua es un director que viene del cine independiente. Su cámara es distinta, es más equilibrada pero densa; su ojo ve situaciones y no géneros de cine; su dirección apunta hacia la humanidad de los personajes y eso siempre lo respetaré, aunque haga productos cinematográficos que se puedan camuflar con películas vacuas y sin sentido. Desde Los 7 Magníficos (2016), Fuqua consolidó un apartado creativo y visual en su estilo que puede derivar en varios, en los que yo creo, son sus directores favoritos. Se alimenta de ellos más de lo que pensamos y logro ver, siempre de forma sutil, mucho de lo que le gusta y ha visto como cinéfilo.
Alguien me dijo que no debía ver las dos películas anteriores de la trilogía Equalizer y la verdad no tenía ganas de ponerme en contacto. Pensé «una trilogía más como Taken o John Wick«. Y tiene algo del subgénero del que se nutre, no lo puede negar; no obstante se alimenta de algo más: la independencia creativa y la libertad autoral.
La última entrega recientemente estrenada, The Equalizer 3 (El Justiciero: Capítulo Final), es una historia crepuscular sobre un personaje tipo Wick / Taken, pero más humano y real que los otros dos, más creíble. La contundencia de la que se agarra mucho viene de la sobria y estoica actuación de Washington, que sigue disfrutando de un carisma inquebrantable y contagioso. Este personaje actuado por cualquier otro actor caería en las caricaturas que por lo regular significan estas historias de héroes urbanos. Digamos que The Equalizer 3 (El Justiciero: Capítulo Final) se salva por mucho de esta calificación gracias al actor que la soporta todo el tiempo.


