La primera película que vi de Hirokazu Koreeda fue De tal padre, tal hijo (2013). Hace 10 años yo era ignorante de una visión más amplia del cine y Koreeda me abrió un panorama con distintas narrativas, culturas, formas y que no todo siempre tiene que ser dinámico o contado con formas más occidentales. ¡Gracias por esto, Hirokazu!
Me gusta el sentimiento del que Koreeda inunda sus películas. Son momentos tan cortos en los que la soledad y el abandono se vuelve un punto de reunión entre una familia armada, como dice el mismo guion, por puros mentirosos.
Al escribir del cine de Hirokazu Koreeda no solo se remarca que sus historias funcionan como una ventana a la cultura nipona, sino también a los temas universales que dialogan con las emociones humanas más primarias: el sentido pertenencia, la familia, el amor filial, etcétera. Todo esto combinado con una enternecedora historia da pie a Broker (Broker: Intercambiando Vidas).
¿De qué trata? Una mujer joven decide abandonar a su hijo dentro de una caja de un lugar donde reciben niños en esta situación. Un par de listos captan a estas madres para ellos tomar a estos infantes y conseguirles un hogar mucho más seguro, pero también más rápido, por lo tanto evitarles el trauma de estar en un orfanato sin ser adoptados.
Uno de los elementos clásicos del cine de Koreeda es la complejidad moral en la que coloca a sus personajes. Cada uno tiene una razón de estar en cuadro participando en la historia. Tiene un contexto emocional, moral e íntimo. Hirokazu se encarga, se toma el tiempo que necesita de proporcionarle razones al personaje de participar en la pequeña familia que conforma. Estas complejidades únicas, dotan a la película de un mosaico de emociones y de diferentes ganchos con el espectador. Probablemente no te identifiques con uno, pero seguramente sentirás empatía por otro.
El director conforma familias desde la fractura. Cada elemento humano que la conforma es un ser roto, de cualquier forma. Desde aquí Koreeda crea una complejidad humana que otros directores con las mismas intenciones no logran… Él sí, siempre es efectivo.
Desde esta perspectiva tan humana y defectuosa, Hirokazu cautiva al espectador porque lo hace verse en un espejo dentro de la historia o le abre los ojos ante una realidad, aunque sea ficcionada, para cambiar perspectivas y puntos de vista. La intención del director es primero conmover al espectador, comunicando, a su vez, que las familias también pueden estar conformadas no solamente de elementos consanguíneos, también de lazos trágicos y soledades parecidas.
Una vez que Hirokazu Koreeda toma tu corazón con uno de sus filmes es imposible poder escapar de su cinematografía, tan sentimental, tan bien armada.
Solo Koreeda puede hacer de la soledad y el abandono un punto de reunión para todos nosotros. Broker (Broker: Intercambiando Vidas) refleja esa emoción que habita en la mirada de quien te acompaña en el sentimiento.
Ya en cines.