Luego de ver Bird Box Barcelona, la continuación española de Bird Box, película exclusiva de Netflix, pido por favor que las empresas les paguen lo que piden actores y guionistas de Hollywood, quienes buscan mejores salarios, pensiones y mejores residuales de los servicios de streaming.
En las escenas iniciales de esta secuela apocalíptica, nuestro «héroe», Sebastián (Mario Casas), y su pequeña hija Anna (Alejandra Howard), deambulan a ciegas por un paisaje urbano en ruinas en la ciudad española nombrada en el título y se encuentran con un grupo escondido dentro de una parada de autobuses fortificada y abandonada. Como recordarán de la primera película, protagonizada por Sandra Bullock, el mundo ha sido tomado por una fuerza invisible que obliga a los humanos a suicidarse con solo mirar al aire libre. Entonces, Sebastián toma un autobús lleno de sus nuevos camaradas, atraviesa las barricadas y lo conduce afuera, con lo cual sus pasajeros inmediatamente comienzan a salir. Es en este punto que nos damos cuenta de que esta nueva película no seguirá a las almas desesperadas que intentan esconderse del mal invisible que acecha afuera, sino a una de las personas enfermas y con ojos desorbitados que deambulan por las calles tratando de que la gente abra los ojos y abrazar la muerte.
Esta es la premisa misma de la película, que se basa en una idea que se introdujo de manera escalofriante en la primera entrega: hay gente loca que puede soportar el exterior y se ha propuesto obligar a otros a mirar.
El comienzo es prometedor: que el villano sea el protagonista suena bien. Desafortunadamente, Bird Box Barcelona abandona el buen camino rápido, sobre todo por esa serie de flashbacks que nos muestran cómo llegó Sebastián a ser quien es. A los guionistas y directores Àlex y David Pastor se les ocurrió una idea bastante interesante, o sea, el punto de vista del «villano» es tentador, pero ni ellos son lo suficientemente crueles como para llevarla a cabo ni son acompañados por los recursos, tanto humanos como tecnológicos.
Y es que la fotografía es baja. Parece filmada sin refuerzo de luces, los colores son demasiado «reales», digamos, le falta esa atmósfera tan blockbuster que amamos de las películas de este estilo. Por otro lado, el guion es muy simple: a medida que avanza, la película continúa recortando intermitentemente los detalles de cómo Sebastián llegó a ser quién es; se vuelve repetitivo y un recurso demasiado simple, hasta esperable; no se ahonda en el dolor de Sebastián (o de cualquier otra persona) sino que lo explota, tratándolo principalmente como pura conveniencia narrativa.
Por el lado de los recursos humanos, los ya mencionados actores demuestran la escuela a la que pertenecen la gran mayoría de los intérpretes de Iberoamérica: el teatro. Muy sobreactuado todo, muy pausado, hasta aburrido; no viven la situación. El mejor ejemplo es el de Leonardo Sbaraglia, quien se pone en la piel del Padre Esteban: el verdadero villano de la cinta parece un actor de Hamlet, un declamador nato. La falta de acción comienza en los actores y actrices, y se hace notar demasiado.
Repito: a Àlex y David Pastor se les ocurrió una idea bastante interesante… y punto. Intentan hacer una película directa y se pierden en tratar de acceder a la psicología de su protagonista, cuando a veces, si no lo sabes llevar a cabo, no es necesario.
Alfred Hitchcock comentó que no hay nada tan desconcertante y a la vez emocionante que dirigir a la audiencia hacia el lado de la empatía hacia el villano. En Bird Box Barcelona, los hemanos Pastor se quedaron a medio camino.
Ludwika Paleta, Juanpa Zurita, Renata Vaca y Héctor Trejo en Spoiler Show con Rana Fonk.
En este programa nos visitan Ludwika Paleta y Juanpa Zurita para hablarnos de "¿Quieres ser mi novia?", Renata Vaca de su próxima serie para Netflix "Mal de amores" y detalles de su viaje a Corea y el actor y creador de contenidos Héctor "Bully" Trejo. ¡Charla y diversión asegurada!