Luis Estrada es un director de cine mexicano que se ha atrevido desde hace 24 años a criticar al poder en turno en México. En su momento criticó a la mafia del poder y al gobierno de Ernesto Zedillo con La ley de Herodes (1999). Después, en 2006, hizo pedazos los excesos neoliberales del YA que encabezó Vicente Fox Quezada y resultados inertes como presidente de México en comparación con todas las promesas de campaña que le valieron el triunfo. Subsecuentemente, pero ya consciente de la saga satírica que estaba armando dentro del cine mexicano, continua con El infierno (2010), donde hace un pozole (frase del Cochiloco de Joaquín Cosío) con el llamado «calderonismo» y critica su capacidad de comenzar una guerra contra el narcotráfico que hasta el día de hoy no tiene fin. El tiempo pasa y la ausencia del partido que había gobernado durante 77 años en México también había dejado estragos en la sociedad mexicana, pero su regreso, como las malas secuelas, dejó mucho que desear. La dictadura perfecta en el 2014 exponía el control mediático de la televisión en las decisiones políticas e incluso, la colocación de una primera dama en el poder. El gobierno de Enrique Peña Nieto fue resultado de un incesante bombardeo publicitario, de chismes de romance con una de las actrices de telenovela más querida por el país… Y es que en México, literal, vivimos una telenovela política de alcances surreales.
Ahora, con ¡Que viva México! el director y escritor elabora sobre las promesas fallidas de la izquierda política mexicana del gobierno de la 4ª transformación, con un elenco coral de actores de la talla de Damián Alcazar, Ana Martin, Joaquín Cosío, Ana de la Reguera, Angelina Peláez y Alfonso Herrera.
¡Que viva México! cuenta la historia de Francisco Reyes (Alfonso Herrera) que debe regresar a La Prosperidad, su pueblo natal porque su abuelo ha muerto. Él dejó en su última voluntad que para que se pudiera leer su testamento debía de estar presente su nieto Pancho, que ha estado desaparecido 20 años.
Asistí a ver esta película sin muchas expectativas porque las cintas de Luis Estrada son duras, irreverentes y crudas. Siempre retrata un México lleno de claroscuros que van desde la más blanca humildad hasta la más negra traición entre paisanos. Alguna vez se ha dicho que no hay mejor persona para hundir a un mexicano que otro mexicano… Pues el director siempre ha basado su saga de sátira política desde esta base: el gobierno nos friega pero otro mexicano nos chinga.
¡Que viva México! es un caleidoscopio de personajes que desembocan en un espejo social donde estamos reflejados absolutamente todos. Se retrata al mexicano de todos los colores y sabores descendientes de una estirpe que se mueve entre la tragedia y el surrealismo social desde hace más de 77 años. Herederos de vicios como la güevones (flojera extrema), el aspiracionismo social, el mueganismo familiar, el malinchismo y la traición. Aquí está tu tía la religiosa y metiche, tu prima la que no madura pero cómo le pone ganas para hacer hijos, tu abuela que te ofrece frijoles así como te manda a la fregada cada rato, también los familiares que te piden dinero prestado todo el tiempo, etcétera. Y también, no en la misma medida que en sátiras anteriores, Luis Estrada echa tierra al gobierno federal actual. Podremos decir que hay un par de comentarios incisivos que se encuentran bajo la cobertura patronal gubernamental y el permiso político para demostrar que sí hay libertad de expresión en México, lamentablemente, y de alguna manera con justa razón, porque que este sexenio actual se ha caracterizado por tener el mayor numero de muertos y desaparecidos en toda la historia política del país, ergo supongo que Luis Estrada guardó una cierta línea. Estoy navegando en el mar interminable de la suposición.
En algunas entrevistas, el mismo Estrada ha expresado que la película va incomodar al espectador, lo va hacer pasar de la risa a la molestia en un lapso de tres horas, porque el arte que no transgrede o que no te toca es inerte. Y no puedo estar más de acuerdo con él. Si esta reseña no salió antes fue porque caí en le cliché del divulgador de cine mexicano: este director está de lado del Presidente y le va dar miedo, pensé; sin embargo, me di a la tarea de verla y arriesgarme a pasar una incomodidad de más de tres horas de duración. El espectador, dependiendo de su madurez emocional, en mi caso es muy mínima (broma), puede salir molesto o muerto de la risa, pero de algo puede estar muy seguro: no saldrá indiferente a esta película.
Estrada siempre trabaja con la burla eterna al conformismo mexicano en todas sus esferas sociales que también se decanta en un servilismo ciego por un hueso del actual gobierno, a costa de hundir más a sus iguales. Esta crítica incisiva de Estrada ahora no es al poder, es a quién colocó este manto de autoridad al actual gobierno: nosotros, el pueblo. Porque nos jactamos de una democracia, de elegir a nuestros gobernantes y por supuesto que está demostrado que ni eso sabemos o queremos hacer bien. Podemos hacer quesadillas con queso, sellar ruedas o llantas con chicles, pero escoger gobernantes, nunca. La sátira ahora es al mexicano y sus mexicanismos sociales, sus vicios familiares y fallas personales.
¡Que viva México! está bien hecha, tiene todo lo que se le puede pedir a una producción que se estrena con en más de 3,000 salas en todo el país; no habrá ciudad que no vea la burla de la 4ªtransformación al pueblo mexicano. De todo hace un pastel y nos lo avienta a la cara; mejor aún, estás pagando por ver cómo es tu familia, la de tu vecino y cómo eres tú con un poco de dinero en la mano. Con esta cinta, Luis Estrada te está recordando tu pasado pobre, tu presente inconforme y tu futuro austero.
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