Algo que está muy vinculado al género policial, y sobre todo al true crime, es que se alimenta del morbo de los consumidores. Es más, años atrás, con el nacimiento de los distintos soportes de medios, como por ejemplo los periódicos, poco a poco se comenzaba hablar de los crímenes acompañado también del nacimiento del género como ficción.
A medida que fueron avanzando las décadas y siglos, ciertas noticias vinculadas a crímenes logran una gran magnitud la cual en la actualidad estalla con el boom del true crime en soporte audiovisual.
Fuente: Netflix.
Varios son los autores que se encargan de analizar estos fenómenos y plantean algo importante con respecto a esto, y tiene bastante relación a cómo es consumido culturalmente este género, ya que las sociedades conocen los delitos principalmente a través de los medios y cómo estos eran narrados. Entonces aquí entra lo que le da título a este artículo. Si observamos a los grandes criminales del último siglo, podemos encontrar un factor en común: comienzan a tener fans, principalmente mujeres. Esto se denomina hibristofilia y justamente tiene relación con la excitación por relacionarse con hombres que han cometido los crímenes más aberrantes. A su vez, dentro de los criminales pasa algo en particular y es justo ante la aparición de Ted Bundy. ¿Por qué?Él es un disparador de cómo se comienza a romantizar a los criminales porque demuestra es que este tipo de “monstruo” puede ser cualquiera, algo que en los últimos tiempos se ha comenzado a visibilizar más cuando comenzamos a hablar de la cultura de la violación y la lucha de las víctimas por alzar sus voces ante los abusos.
Podemos suponer que parte de la romantización que hay sobre su figura tiene que ver porque, a diferencia del imaginario colectivo frente a los criminales y agresores sexuales, era todo lo contrario: un hombre que se podría considerar atractivo, inteligente y sobre todo MUY carismático, algo que en varios de los documentales que abordan el caso podemos ver, pero en particular con este criminal sucede que luego es ficcionalizado por actores que también son considerados galanes, como sucedió con Zac Efron.
Fuente: Voltage Pictures - Netflix.
Ahora, retomemos: cuando observamos documentales de las década de 1980 y 1990 podemos notar que, en su mayoría, están contados desde la perspectiva de los asesinos y profundizando en los detalles escabrosos de cada uno de los crímenes cometidos, alimentando así el morbo de la audiencia, pero en paralelo, hay muchos asesinos que fueron espectacularizados y llevados a la ficción como personajes peculiares, logrando así correr el foco de sus terribles crímenes y volverlos estrellas de rock. Ejemplos, además de Bundy, tenemos muchos: Charles Manson, El acechador nocturno (Richard Ramirez) y así sigue la lista.
También debemos reconocer que esto está ligado a la creencia de que los chicos malos siempre son mucho más atractivos, que pueden lograr reivindicarse por amor y un montón de estereotipos que poco a poco se empiezan a romper ante el cuestionamiento del amor romántico y los roles dentro de está sociedad patriarcal.
En la actualidad, a la hora de desarrollar documentales y ficciones sobre criminales, se comienza a poner más el foco en las víctimas para poder de alguna forma lograr algo de paz en su vida ante hechos tan aberrantes.
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