Siempre que algo nuevo irrumpe en cualquier espacio se suele decir que lo que lo precede está sentenciado a su desaparición. Y el ejemplo que me viene como anillo al dedo para este artículo es la televisión.
En la década de 1930 la televisión comenzó a afianzarse (cada país tiene su propia historia sobre cómo la televisión se fue adaptando). En sus comienzos pocos eran los canales. Comenzaron por las emisoras públicas, hasta que se fueron ampliando las privadas. A medida que el mencionado soporte fue avanzando, obviamente comenzó a hablarse de la muerte de la radio. Al contrario de lo que suponían los grandes gurúes del entretenimiento, la radio sigue viva, mutada, pero presente.
Y así como sucedió con el binomio radio-televisión, hoy algo parecido sucede con el dúo televisión-plataformas. Hoy por hoy cada vez son más las opciones: Netflix, HBO Max, Disney Plus, Apple Tv, y así podemos seguir nombrando. ¿Pero la abundancia de estas hace que la televisión esté sentenciada a muerte?



