En 2019, Céline Sciamma arrasó con su historia de dos mujeres que se amaron en secreto a finales del Siglo XVIII. La película logró tener tres premios en el Festival de Cine de Cannes: Mejor guion (Céline Sciamma), Palma de Oro (Céline Sciamma) y la Queer Palm (cine con temática LGBT). Su mirada femenina predominaba y salió de la pantalla. La propia admiración de la mujer hacia otra mujer, viajando sobre la bella exploración sexual, ideológica y social de la misma, hicieron de Retrato de una mujer en llamas una pieza cinematográfica abrasadora y visualmente hermosa. Ahora, con su más reciente película titulada Petite Maman (Pequeña Mamá), logra conmover a los críticos alrededor del mundo con una mirada generacional de empatía y entendimiento pero, sobre todo, de amor.
Pequeña Mamá es un tierno retrato generacional


Nelly acaba de sufrir la perdida de su abuela materna y sus padres deben ir a limpiar la casa de la infancia de su madre. En este proceso la mamá de Nelly huye debido al dolor del duelo y se rehusa a surfear esa ola de recuerdos que la envuelven. Nelly y su padre deben encargarse de todo.
Durante estos tres días, Nelly conoce a otra niña que está construyendo una casa con ramas de árbol y se le une. Ambas logran conectar de forma inmediata para darse cuenta más tarde que esa niña de la casa de madera es la mamá de Nelly cuando era pequeña.
El relato se podría sumar a una historia más de ciencia ficción y teoría de las cuerdas donde el presente de forma extraña se mezcla con el futuro. Sin embargo, esta no es la textura que Céline Sciamma quiere darle a su película. Sí hay un recurso de salto en el tiempo, pero lo deja magistralmente sugerido a la propia interpretación del espectador.

En Retrato de una mujer en llamas es la pintura de una mujer lo que une el presente con el pasado y la historia que nos quiere contar. El salto temporal se logra crear por medio de un objeto que une a las dos mujeres en el tiempo gracias a los recuerdos y logra sumergir al espectador dentro de su propio imaginario.
Este reciente trabajo de Céline Sciamma, logra ser sutil y también aún más conmovedora y entrañable. Es la propia imaginación de Nelly o en realidad la imagen infantil de su madre que se cuela en el presente, la que da una lección de entendimiento generacional por medio de la empatía emocional que causa el duelo por la muerte de un ser querido en común.
La observación de la directora no fue por medio de su personaje masculino (papa de Nelly), si no fue a través de la inocencia e inteligencia de la niña, que al ser abandonada por su madre en un momento crucial para ambas; se siente sola y perdida. Ambas extrañan a alguien que amaban y Nelly, por medio de esta coalición de tiempos y el fantasma de esa infancia en el bosque alrededor de su casa, que logra entender el sentimiento que está pasando su madre en la actualidad.
Es un discreto discurso de entendimiento generacional que habla muy bien con nuestros tiempos actuales, donde la generación joven no logra entender a la vieja y viceversa, cuando sólo ocupamos el dicho que dice: «como te ves me vi, como me veo, te verás» y, de alguna manera puede sonar absurdo, pero es tan cierto como cruel.

El relato familiar de Petite Maman (Pequeña Mamá) logra ser creíble aunque su tesis pertenezca a la ciencia ficción y, este recurso, la hace aún más extraordinaria narrativamente hablando. Su omisión acerca de este salto en el tiempo, con otro tratamiento cinematográfico, podría sacar al espectador del universo de la película, pero no lo hace, se vuelve crucial y determinante, pero también creíble, porque elabora una metáfora de un viaje emocional al interior del propio ser y del entendimiento hacia lo que nos cuesta asimilar, pero también de nuestros propios demonios y lo que nos cuesta enfrentarlos.
Pequeña mamá de Céline Sciamma ya está en Mubi y es ¡EXTRAORDINARIA!