El postapocalipsis es cosa seria para el cine y las series

El ataque atómico contra Hiroshima y Nagasaki cambió las viejas concepciones de la tecnología y del conflicto bélico. Desde la Gran Guerra quedó claro que el poder destructivo del ser humano había aumentado de manera desmedida, pero fue precisamente el 6 y el 9 de agosto de 1945 cuando el mundo descubrió horrorizado que esa ruta no conduce sino al inminente apocalipsis.

Si bien el cine y la televisión han plasmado hasta el cansancio los horrores de la guerra con el fin de que la gente conozca y rememore el conflicto, sus imágenes tan dolorosas como necesarias no siempre han sido capaces de ayudar a la reflexión y el cambio. Incluso podríamos decirse que hemos visto tantas y de estilos tan distintos que muchos se han insensibilizado ante ellas.

Fuente: Walt Disney Studios Motion Pictures

Es aquí cuando la ciencia ficción, un género considerado menor por algunos a causa de su carácter fantástico y su relación con la superproducción, ha levantado la mano para imaginar una amplia gama de terribles destinos que de uno u otro modo se perfilan inminentes en el horizonte. La novelista y filósofa Susan Sontag atribuye parte de su poderío a la «extrema simplificación moral» que refleja. Es «una fantasía moralmente aceptable donde se puede dar cabida a sentimientos crueles o, al menos, amorales» que surge de visualizar la pérdida de nuestra propia humanidad ante la peor de las tragedias: la destrucción del mundo en que vivimos. En su estado natural ante la desaparición de nuestros recursos más vitales y en el urbano con ciudades devastadas por todo tipo de conflictos. Todo en aras del avance y el progreso…

Elige tu apocalipsis

Es perfectamente comprensible que el cine y las series, que siempre han avanzado a la par de las mayores preocupaciones sociopolíticas, convirtieran al desierto en el primer gran escenario del apocalipsis. Fue en ellos donde se realizaron las primeras pruebas atómicas y es precisamente así como se piensa que podría terminar el mundo en caso de caer en la tan temida guerra nuclear que marcaría el fin cuasiabsoluto de nuestra especie. Una auténtica ironía audiovisual que en sus primeros años relacionó estos parajes con el sueño de progreso a partir del western y que desde el sci-fi lo distorsionó como un auténtico terror. Es, como bien la describe el guionista José María Latorre, «la amenaza de la desertización, la irrupción del desierto en lugares cotidianos que da origen a unas descripciones de fúnebre belleza que hacen pensar en Chirico, llenas de causes vacíos, riachos secos y automóviles hundidos en las dunas».

Su exploración evolucionó significativamente con el paso del tiempo. En los primeros años de la Guerra Fría el desierto escenificó incontables historias de insectos gigantes a causa de la radiación y no fue sino hasta los 70 que se convirtió en todo un yermo fílmico, o como todos los aficionados al audiovisual le conocemos, en un desertic wasteland. La consolidación como un mundo de catástrofe en el imaginario colectivo llegó en 1979  con la cruenta Mad Max donde los pocos humanos sobreviven en un estado salvaje, pero también con la hermosa y poética Stalker donde un asteroide deja una zona prohibida que genera enorme curiosidad entre la gente por su aparente capacidad de conceder deseos. Desde entonces hemos atestiguado un equilibrio entre ambas partes que han hecho de la arena una visión simbólica de la muerte, pero también de un posible renacimiento. El más reciente ejemplo es Duna con Arrakis como un reflejo simbólico de la Tierra.

Fuente: Mosfilm

Menos popular ha sido la contracara que plasma la destrucción de los casquetes polares que desemboca en un mundo bajo el agua. La más conocida es Mundo acuático (1995) con un planeta sumergido, una parte importante de la humanidad mutada para sobrevivir en este nuevo hábitat y el eterno sueño de tierra firme. Más efectiva en las reflexiones fue Snowpiercer (2013), que reforzada por una serie de televisión, nos conduce al interior de un tren que deambula incesante por un mundo congelado tras un experimento fallido. Una catástrofe por partida doble, ya que el citado vehículo se ha convertido en toda una pesadilla social donde los pasajeros viven en condiciones radicalmente opuestas dependiendo de la clase a la que pertenecen, ironizando así sobre las preocupaciones más banales en los tiempos de crisis.

Está, finalmente, la destrucción del ser humano a causa de sus propios errores. Una visión que aborda de manera individual o conjunta elementos como la guerra, la tecnología fuera de control o la pandemia. Terminator (1984), Screamers (1995) o las distintas adaptaciones de Soy leyenda de Richard Matheson son sólo algunos de los incontables ejemplos de la tendencia.

Fuente: Triumph Films

Entre los más efectivos de los últimos años está el zombie, concebido por George A. Romero como una especie de plaga mística surgida sin una explicación aparente, más relacionado con el vudú y las artes paganas que con la ciencia. O como dijera la cita más icónica de Dawn of the Dead (1978), «cuando no haya más lugar en el infierno, los muertos caminarán en la tierra«, que exhibe de lleno las nociones de un apocalipsis religioso tan popular en los 60 y 70.

La imagen cambió hacia un Siglo XXI altamente tecnológico con Exterminio (2001) que popularizó la noción de una humanidad caída por un experimento fallido. Más dramático aún fue que algunos de sus momentos más representativos se hicieron realidad, pues las imágenes de un Londres desolado han sido equiparadas hasta el cansancio con los confinamientos mundiales en los primeros meses de la pandemia de coronavirus. Caso similar al de la solitaria ciudad de Nueva York en Soy leyenda (2007), destacando además que ambas cintas han plasmado uno de los miedos más recurrentes de la especie. Que nuestra ciencia se salga de control para rebasarnos y finalmente aniquilarnos. Prueba de ello es la misma COVID_19 y las incontables especulaciones en torno a su creación en un laboratorio ¿chino? ¿estadounidense? ¿ucraniano? Nunca lo sabremos y la única certeza es que en los últimos años han habido momentos en que la realidad se ha acercado peligrosamente a la ficción. La pesadilla continúa con la creciente amenaza de una nueva guerra mundial que se vislumbra en el horizonte.

Fuente: 20th Century Fox

Especialistas de incontables disciplinas auguran que solo es cuestión de tiempo para que la humanidad sucumba y casi todos coinciden en que esto no será a causa de un agente externo como sucedió con los dinosaurios, sino de uno interno provocado por nosotros mismos. Nos ha tocado vivir en épocas de amenazas y penurias y solo queda cruzar los dedos para que el cine y las series, que tantas veces han acertado en sus predicciones más funestas, se equivoquen en esta ocasión. Aprendamos de lo visto en pantalla, y también temamos de ello, pues si las historias postapocalípticas no infunden miedo y desesperación en las audiencias, quizá lo mejor sea resignarnos y darnos por perdidos desde ahora.

O como decía el personaje de Viggo Mortensen decía en The Road: «cuando sueñas que suceden cosas malas, significa que todavía estás luchando y que todavía estás vivo«.

Spoiler Show #11