Esta semana temática, tristemente tocamos el tema de la guerra como eje narrativo en el mundo del entretenimiento. Es bonito decir que, en su gran mayoría, las historias de guerra tienen la moraleja general de que es mejor vivir en paz y armonía, y no lo que lamentablemente vivimos en el mundo real día a día.
Pero centrándonos en el divertimento en sí, aunque sigue (y seguirá) habiendo películas y series con temática bélica, queda clarísimo que la última década dorada fue la de los años 80 del siglo pasado. Los años ochenta trajeron joyas con héroes invencibles como Chuck Norris en Missing in Action o la trilogía Rambo, dramas realistas como Platoon, Full Metal Jacket y Empire of the Sun, dramas de lágrima como Hope and Glory y hasta comedias con crudo mensaje como Good Morning Vietnam.
Y en cuanto a series televisivas no había tanto, pero sí algunas importantísimas como M*A*S*H (1972-1983), The A-Team (1983-1987), China Beach, Tour of Duty y hasta la serie animada G.I. Joe.
¡Vaya que había guerras que ver en la tele!
Pero ya no más. No así. ¿Por qué?
Muchos dicen que el terrible sucedo del 9/11 lo cambió todo y es cierto. Pero cierto es también que las actuales generaciones no ven del mismo modo la muerte de cientos de personas en combates –ficticios o basados en hechos reales– como una forma «divertida» de pasar el rato, cuando algún pariente, compañero de trabajo o vecino tiene allegados que están sufriendo realmente por una guerra, o peor aún, si existe algún conflicto bélico en la zona.
Y es que aunque en América Latina podría pensarse que hay países exentos de una guerra como tal, ataques del narcotráfico, conflictos civiles o religiosos dificultan que una serie o película bélica sea algo que «los haga olvidar» por un rato la difícil realidad que están viviendo.
Y no es que en los ochenta no haya habido guerras. Justamente el silencio tenebroso de La Guerra Fría del mundo real tenía en constante temor al mundo entero, pero esas películas con un John Rambo que se hacía cargo de todos (en ausencia a la abarrotada era de superhéroes que vivimos hoy) daba una ficticia esperanza de un libertador que pusiera en jaque a «los malos» (recordemos lo polarizadas y racistas que eran muchas de esas historias).
Pero es justo el «caso Rambo» el que podemos poner como ejemplo de que ya no son los mismos tiempos, circunstancias ni espectadores. Aunque la trilogía ochentera tuvo un atronador éxito, saltándonos la desabrida secuela de 2008, llegamos al final de la saga en 2019 con Rambo V: Last Blood la cual fracasó en taquilla no sólo por un pésimo guion (pese a que lo escribió el mismísimo Sylvester Stallone) y un tremendo desperdicio de talento latino, sino por un exceso de violencia que hizo que muchísimos cinéfilos –incluyendo leales seguidores de la franquicia– abandonaran la sala a media película, decepcionados y escandalizados por los excesos.
Al menos tenemos recuerdos vivientes...
Curiosamente, pese a que «ya no es lo mismo», sigue habiendo un romance por los héroes de acción y guerra de los 80, razón de peso por la que vemos los clásicos mencionados y muchos más en diversas plataformas de streaming, así como buenas ventas de colecciones y ediciones especiales en formatos de video caseros.
¿Olvidaremos y enterraremos esa era dorada de hiper-violencia en películas de guerra de los ochenta? Posiblemente cuando todos los vestigios de esa década irrepetible seamos parte de la historia.