El octogenario director Woody Allen ha estado decidido desde siempre a dirigir una película al año, y aunque no todas son joyas, debemos decir que aún su cinta más mediocre es muy buena y mejor que cualquiera otra mala de algún otro realizador.
Rifkin’s Festival, la película número 49 de Allen, inauguró el Festival de Cine de San Sebastián en 2020.
Rifkin’s Festival trata sobre la vida de Mort Rifkin, un escritor intelectual que también se dedica a la crítica cinematográfica. Quiere acompañar a su esposa, una guapa y madura publicista que representa directores de cine, al Festival de cine en San Sebastián con el objetivo de verificar que ella no lo engaña con uno de sus representados. Phillipe (Louis Garrel), es un director que parece estar en las nubes del éxito festivalero cinematográfico y que coquetea con la esposa de Mort. De pronto Mort se siente solo e incompetente frente a su némesis, digamos. Mort, al confirmar sus sospechas, comienza a sentirse mal del corazón y va con una cardióloga de la cual se enamora.
A todo esto, Mort es un interesante intelectual neurótico inseguro de sí mismo que se encuentra en una insatisfacción profesional y personal tan trágica que no le encuentra sentido a ningún tipo de las nuevas corrientes cinematográficas: para él lo único que existe es el cine clásico, el que contaban los grandes narradores europeos de la Nouvelle Vague como Ingmar Bergman, Luis Buñuel, etcétera. Este pragmatismo lo ha sacado de la jugada del medio y se ha vuelto obsoleto, sin embargo esto a él no le interesa, pero sí nutre su propia inseguridad dentro del matrimonio.
En esta crisis existencial, Mort tiene viajes oníricos (nos recuerdan un poco a lo hecho por Allen en Medianoche en París de 2011), en los que visita escenas de sus directores cinematográficos de los que siempre ha hecho alarde como base fundamental del cine como ahora lo conocemos.
Fuente: Tripictures
Sí, Woody Allen se retoma a sí mismo nuevamente como inspiración para desarrollar al personaje de Mort. Ya hemos visto personajes pedantes, intelectuales y neuróticos en varias de las películas de Allen y de alguna manera podríamos cansarnos de esta idea, pero el director logra, condescendiente, presentarnos a otro alter ego de su propia personalidad de forma graciosa, interesante y nos enganchamos con él.
Rifkin’s Festival es extrañamente encantadora por estos regalos cinéfilos que proporciona al espectador visitando grandes escenas del cine como: El ángel exterminador de Luis Buñuel de 1962, El séptimo sello de Ingmar Bergman de 1957, 8 ½ de Federico Fellini de 1963, etc. Todas de alguna manera son ligadas emocionalmente con la historia personal de Mort. Woody Allen crea un túnel del tiempo cinematográfico en el que el espectador va reconociendo lugares, momentos de distintas películas clásicas del cine, sumamente intelectual y nostálgico, todo por medio de un personaje que en el fondo es tan patético como entrañable.
Pero...
Woody Allen se repite en sus formas. Digamos que si hay un autor cinematográfico pragmático y purista es él. Sigue teniendo la misma manufactura desde la década de 1990, momento de su apogeo. Lo que sí debemos reconocerle es su capacidad de presentarnos historias interesantes y entrañables a sus 84 años de edad.
Fuente: Tripictures
En resumen
Rifkin’s Festival es un deleite cinematográfico por todas la referencias, que si eres un cinéfilo entregado, podrás reconocer. ¡Es muy disfrutable!
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