Si hay algo que obsesiona y apasiona a la industria cinematográfica es el autohomenaje y la metanarrativa. No es casualidad ni mucho menos capricho. Es más bien un esfuerzo continuo por afianzarse como arte en un imaginario colectivo que tiende a calificarlo de mero entretenimiento. Y es que si el Quijote de Cervantes es una novela sobre la novela y Las Meninas de Velázquez es una pintura sobre la pintura, ¿por qué el cine no habría de realizar películas sobre las películas?
El recorrido se ha visto favorecido por sus propiedades audiovisuales, lo que ha resultado en una amplísima gama de opciones. La exquisitez de Sunset Blvd. (1950) o CinemaParadiso (1988); la originalidad de Había una vez en Hollywood (2019) o Scream (2022); e incluso la autoexploración creativa con 8 ½ (1963) o Dolor y gloria (2019) que bien podrían considerarse la versión fílmica de la autobiografía y el autorretrato. En medio de todas las alternativas, no podemos olvidarnos de la exploración de las grandes estrellas de Hollywood.
No hablamos de los incontables cameos de personalidades vistos en los cortos de Merrie Melodies o la reunión de La muerte le sienta bien (1992), la exploración de sucesos aislados como hiciera Mamita querida (1981) con Joan Crawford,Hollywoodland (2006) con George Reeve o Mi semana con Marilyn (2011) con Marilyn Monroe, ni a su aparición como personajes secundarios, aun cuando éstas puedan ser tan brillantes como la de Cate Blanchett como Katharine Hepburn en El Aviador. Nos referimos más bien al biopic puro y duro, una práctica para nada nueva, pero que apunta a convertirse en una auténtica tendencia respaldada por algunos de los mayores talentos histriónicos del cine contemporáneo. Tom Holland como Fred Astaire, RooneyMara como Audrey Hepburn y presuntamente ChrisEvans como GeneKelly: una lista breve pero prometedora y que seguro seguirá creciendo de manera importante en los próximos meses.
La verdad tras la leyenda
Las biopics se han convertido en sinónimo de calidad cinematográfica. Quizá por ello resulta tan curioso que esta exploración de los personajes que han forjado la historia nunca haya hecho verdadera justicia a las grandes leyendas del cine. El punto más alto es Chaplin (1992) y de ahí casi todo se limita a proyectos como Dragon: The Bruce Lee Story (1993), The Audrey Hepburn Story (2000), James Dean (2001) o Liz & Dick (2012).
Las razones tras esta renuencia histórica son sencillos de entender. Son proyectos que humanizan y desmitifican, por lo que una exploración a profundidad invariablemente atentaría contra el aura de glamour que ha rodeado al viejo panteón hollywoodense. Una pérdida de la condición semidivina que resultaría en sujetos comunes y corrientes, y que como tal no estuvieron exentos de problemas, dilemas y polémicas. El adiós absoluto de los ídolos incorruptibles y la prueba irrefutable de que nadie puede aspirar a la perfección.
Hablamos de un HumphreyBogart que nunca fue RickBlaine (Casablanca), sino un individuo temperamental y que padeció problemas con el alcohol. Ni qué decir de Ingrid Bergman, cuya vida amorosa fue más compleja que la de IlsaLund (Casablanca) al ser injustamente condenada por tener un romance fuera del matrimonio. A todos relacionar a AudreyHepburn con el encanto de HollyGolightly (Desayuno con diamantes) y no con el hambruna padecida durante la Segunda Guerra Mundial que resultó en problemas de salud que le impidieron ser bailarina. Ni qué decir de ClarkGable, quien pasó a la historia como RhettButler y quien se vio envuelto en incontables escándalos amorosos. Más lamentable fue el caso de MarilynMonroe, tan alejada de la jovial e inocente Sugar Kane Kowalczyk de Una Eva y dos Adanes, al tener una vida y muerte rodeada por la tragedia.
Bajo esta premisa, cualquiera podría pensar que los biopics hollywoodenses serían un atentado directo contra el legado de las grandes leyendas. La realidad es muy distinta. En un mundo contemporáneo que cuestiona continuamente el accionar de las grandes personalidades del pasado, es normal que muchos actores y actrices hayan visto palidecer su condición de ídolos. Ahí está JohnWayne, el cowboy por excelencia y quien recientemente ha enfrentado una ola de desprestigio por su racismo. Es innegable que hizo comentarios denigrantes contra otras culturas, pero también que estos fueron realizados en un contexto muy distinto al nuestro.
Juzgar a estas figuras desde los extremos es tan absurdo como injusto, ya que sus vidas, como las de todos nosotros, vieron luz y oscuridad. Algo que es difícil de asimilar desde la idolatría, más no desde la humanización. Y es precisamente por esto que la ola de biopics hollywoodenses que parece avecinarse podría ser determinante para resguardar el legado de los grandes actores y actrices de todos los tiempos.
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