Spencer está más cerca de ser un cuento de terror que de hadas, pero…

Es parte de la historia mundial. Me refiero a que todos conocemos la triste vida de Diana Spencer o mejor conocida como Lady Di. Finales de los años noventa cuando después de una serie escándalos mediáticos y un divorcio tormentoso, la Princesa Diana murió un 31 de Agosto de 1997 en la ciudad de París.

Por mucho tiempo el cine trató de contar su historia íntima. No hemos llegado a un grado escatológico sobre su muerte porque sería demasiado morboso hacerlo, más si es con fines de divertimento más que de esclarecimiento, porque en este punto de qué nos serviría saber los detalles de su accidente. ¿No sufrió mucho Diana Spencer bajo el ojo público como para que después de su muerte sigamos queriendo escarnecerla?

Pablo Larraín es experto en llevar a cabo este tipo de historias, como la de Jackie Kennedy con Natalie Portman o Neruda con Gael García, alejándose totalmente del ojo morboso para retratar al personaje desde otro punto de vista, mucho más neutral, humano y con todos los matices que los implican.

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Spencer cuenta tan solo 3 días de la vida de Diana (Kristen Stewart): la noche previa a Navidad, la cena y un día después. Durante este corto tiempo la Princesa debe sobrevivir sus propios demonios, paranoia y el rechazo constante de la familia real.

Es impresionante cómo Kristen Stewart encarna a Diana Spencer. No solo la entendió, se colocó ella misma como carne de cañón para interpretar a un personaje del que sabemos mucho y nada al mismo tiempo: mucho porque tenemos el conocimiento mediático que salió de ella, sus romances, la relación distante con la realeza británica, su legítima relación hacia el pueblo; nada porque de su vida personal e íntima los datos son pocos. La actriz probablemente tuvo acceso a un poco más de información, pero no creo que mucho; así que, partiendo desde una premisa mucho más amarillista, se basó en lo que muchos también conocemos.

Lo interesante es que tanto intérprete como interpretada tienen algo en común: la exposición al ojo público, lo cruel que son los periodistas, el medio de la fama y la moda… no se diga el de la monarquía. Ahí Kristen Stewart supo tomar un gran hilo para comenzar a comprender a su personaje.

Fuente: Neon

Pablo Larraín nunca decepciona. Su ojo sobre el personaje (o los personajes) es natural. No es quisquilloso, no es pretencioso, tampoco es morboso. Lo aborda desde una naturaleza tan amoral en su juicio que logra crear una empatía por ellos, incluso cuando, en el caso de Diana, en muchas escenas ella sea insoportable de ver. Porque digamos esto: nadie es moneda de oro para gustarle a todos, incluso la Princesa de Gales. Su constante insubordinación a los protocolos reales, exacerbado con el descubrimiento de la relación extramarital de Carlos con Camila Parker y el constante repudio de la Reina, sin contar su evidente desmoronamiento de salud por la bulimia, hacen de Diana la no princesa del pueblo, debiendo haber sido bastante irritante y pesada de cuidar, incluso para la monarquía. Es así como la presenta Pablo Larraín: sí vulnerable, sí delicada, pero eso la hace insoportable.

La película apuesta mucho por los encuadres de primer plano y los medios al abordarla para crear una claustrofobia y una incomodidad que hacen al espectador querer salir corriendo igual que ella. Te cansas del personaje y llegas a comprender el aburrimiento de Carlos, el repudio de la Reina y el miedo de sus hijos a su propia y paulatina desintegración. Todo esto enmarcado en medio de un delicado diseño de arte, de vestuario y una gran ambientación de la época, pero también de los detalles que requiere retratar a una de las monarquías más importantes del mundo, sino la más.

La música va desde un drama sutil hasta un claustrofóbico terror; envuelve y complementa perfecto la actuación de Stewart, que debo decir que está maravillosa y muy lejos de esa joven que tanto criticábamos en los despegues de su carrera cinematográfica.

Pero...

Algo que juega muy en contra de Spencer es el timing. Es anticlimática. Este es el único pero.

Fuente: Neon

En resumen

Spencer de Pablo Larraín está llena de matices. Tiene la envoltura de un cuento de hadas, pero adentro se esconde uno de los cuentos de terror y sufrimiento emocional más fuerte que haya visto jamás en un personaje de la vida real. Es claustrofóbica, desesperante y, al final de todo, muy desesperanzadora al saber todo el triste final que eventualmente tendrá la princesa.

Aquí no hay canciones Disney, no hay príncipe azul en corcel que la rescate ni tampoco criaturas de cuento que la sostengan: aquí el final es el final.

Fuente: Neon
Spoiler Show #11