El 2020 nos tomó por sorpresa a todos. Después de todo, ¿quién habría imaginado que enfrentaríamos la primera pandemia en un siglo? Sus secuelas pueden apreciarse en los más de 277 millones de infectados de los cuales casi 5.4 millones han perdido la vida, pero también en muchos otros sectores de nuestra sociedad. Esto incluye una industria del entretenimiento que ha cambiado drásticamente en la llamada nueva normalidad.
Muchas de las primeras decisiones parecieron abruptas y en algunos casos movidas por la desesperación. Algo comprensible ante las anomalías propias de las circunstancias, que incluyeron el cierre de salas en todo el mundo, la postergación de estrenos y rodajes, la necesidad de nuevas medidas que garantizaran la seguridad de los equipos, las cuales venían acompañadas de un importante incremento en los costos de producción, y el continuo temor de que cualquier proyecto se viera pausado ante el surgimiento de positivos. A casi dos años de distancia, queda claro que muchas de éstas llegaron para quedarse.
Tom Cruise
Y es que si la historia del 2020 fue de supervivencia a toda costa, la del 2021 ha sido de adaptación y aceptación. Para nosotros como individuos, así como para todas las industrias como son la producción cinematográfica y televisiva.
Visiones pandémicas
En su momento, el Secretario General de la ONU, AntónioGuterres, describió la pandemia como «la crisis más desafiante que hemos enfrentado desde la II Guerra Mundial«. El conflicto bélico cambió la percepción del mundo en que vivimos de un modo tan marcado que el cine lo convirtió en uno de sus temas más recurrentes, al grado que la historiadora cinematográfica Jeanine Basinger considera que bien podría considerarse un género en sí mismo al contar con sus propias convenciones. Con estos comparativos y antecedentes, el comprensible que pensar que el coronavirus será determinante para moldear las historias del futuro, tanto en narrativa como en iconografía.
Aunque la primera película en abordar la COVID-19 estrenó en 2020 (Corona), el 2021 marcó el inicio de una auténtica tendencia con títulos como Locked Down, In the Same Breath, Together y South Park: Post COVID, por nombrar algunos. Todos abordaron el suceso, pero desde distintas perspectivas como fueron los hospitales, los confinamientos e incluso nuestras peores pesadillas con el terror pandémico. Si de series se trata, pocos casos tan destacados como el de la española Cuéntame cómo pasó, que con 20 años de transmisión ininterrumpida, sobresalió por su episodio especial en dos tiempos en el que uno de sus personajes centrales, Antonio Alcántara, perdió la vida por el virus, convirtiéndose así en la primera gran víctima desde el terrero de la ficción. Al respecto, el guionista Joaquín Oristrell declaró que «nos parecía incluso una falta de respeto que sobreviviera a la COVID habiendo muerto tanta gente» [vía].
No menos curioso es el apartado visual. El 2020 dejó una sensación de déjà vu con imágenes reales que parecían directamente extraídas de cintas como Exterminio, Soy leyenda y El amanecer de los muertos vivientes. La última vez que la realidad alcanzó a la ficción de un modo tan abrupto fue el 9/11que desembocó en una continua traslación del atentado a la pantalla, no desde el realismo sino desde la ficción, donde la asimilación era menos dolorosa. Todo apunta a que la pandemia dejará algo similar, no con un momento icónico, sino con la exaltación de elementos como las videollamadas que se convirtieron en un referente del confinamiento.
Eso sí, aunque el 2021 dio un paso adelante en la representación pandémica, aún queda mucho para que el evento impacte en las pantallas con la misma fuerza que la II Guerra Mundial. Esto se debe en buena parte al hartazgo de una sociedad que aún padece los estragos de la crisis y que no desea trasladarla sus canales de entretenimiento. También a que, más allá de los esfuerzos descritos, los estudios y las cadenas han sido incapaces de concebir el primer gran título sobre la enfermedad. Algo que eventualmente sucederá.
Una nueva industria
La aceptación –o en algunos casos resignación– de la industria audiovisual durante el 2021 fue más evidente desde el terreno netamente empresarial. Como prueba sólo basta recordar la discordia suscitada en 2020 por Trolls World Tour, cuyo estreno simultáneo en digital y salas rusas, malayas y singapurenses terminó para siempre con la ventana de distribución que daba un tiempo de exhibición exclusiva a los cines antes de que las películas llegaran a cualquier otro formato. A casi dos años de las acaloradas disputas, el estreno cuasi o completamente simultáneo es algo común incluso para los grandes blockbusters que de este modo han asegurado sus inversiones y fortalecido sus respectivos sistemas de streaming.
El 2021 también marcó la estabilización de las plataformas. Luego de un 2020 de consolidación en que las suscripciones se dispararon por los confinamientos, el año que termina dejó los primeros síntomas de un balance con una audiencia que finalmente debió definir sus gustos e intereses tras su regreso al mundo exterior. Esto no significa para nada que la competencia haya terminado, sólo que ha entrado en una nueva etapa que promete seguir dando mucho de qué hablar en el 2022.
Este fortalecimiento del streaming, aunque haya sido clave para mantener la industria a flote, no ha sido bien recibido del todo por las salas de cine que siguen batallando por sostenerse. Muchas independientes han cerrado en todo el mundo, mientras que las grandes cadenas han visto reducidos sus niveles de asistencia ante las ya mencionadas alteraciones a la ventana. Todavía es muy pronto para decir que el cine morirá, pero los números no son del todo alentadores: mientras el 2019 dejó nueve películas que rebasaron los $1,000 MDD, incluyendo Avengers: Endgame con más de $2,000 MDD, el 2021 solo aspira a una con Spider-Man: Sin camino a casa.
La hazaña arácnida no estuvo exenta de polémica al ser descrita por The Hollywood Reporter como «una especie de bendición encontrada. Si bien es indiscutiblemente una gran victoria para las salas y la recuperación de la taquilla, también subraya la enorme división entre los grandes eventos y todo lo demás, una brecha que se vio agravada por la COVID-19«. Por su parte, títulos de alto calibre como Sin tiempo para morir, Rápidos y furiosos 9, Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos, Godzilla vs. Kong, Dune o Cruella se quedaron lejos de la marca, lo que ha encendido las alarmas en una industria bastante maltrecha y muy alejada de los excelentes ingresos prepandémicos.
Habrá que esperar otro poco para ver si todo esto es consecuencia del nerviosismo de muchas personas que aún dudan sobre ir a las salas aun cuando incontables estudios las han definido como espacios seguros o la evolución de un público que ha cambiado sus prácticas para siempre al decantarse las comodidades del streaming por encima de la espectacularidad de los cines. Sea cual sea la respuesta, el 2021 que termina dejó claro que el mundo ha cambiado para siempre y la industria del entretenimiento no ha estado exenta de ella. La historia no termina aquí, sino que promete continuar.
Solo queda esperar para conocer qué nos depara la siguiente temporada a estrenar en 2022.
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