Emparentadas con la llamada “novela de aprendizaje” en la literatura, un género que retrata la transición de la niñez a la vida adulta (como en Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, o El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger), las series coming of age siempre logran conmover y ganar fanáticos y fanáticas a lo largo y a lo ancho del mundo. Sin embargo, en sus tramas “de aprendizaje”, quizás se esconda otra veta, algo maquillada, que las emparenta con otro éxito innegable de la televisión: las telenovelas.
Fuente: Netflix
Ya sabemos que lo que define a las series coming of age es contar la historia de un adolescente (o de varios) mientras atraviesa los cambios y las etapas necesarias para convertirse en un adulto. Ahora, ¿qué caracteriza a las telenovelas? Este formato televisivo tiene algunas características fundamentales, siendo la primera, por supuesto, el melodrama. Aunque hoy en día el término goce quizás de un tinte algo despectivo, el melodrama existe desde el siglo XVII y ha aparecido en el teatro, en la ópera, en el cine y, claro, en la televisión. Que un producto sea melodramático quiere decir que en él van a exprimirse las emociones, a veces con ayuda de la música, para que el espectador no salga indemne: básicamente, un producto melodramático quiere conseguir que su espectador llore.
Otro aspecto que suele estar presente en las telenovelas es el final feliz. No importa cuántos obstáculos y a cuántos villanos deban enfrentarse los protagonistas: para ellos siempre habrá una luz al final del túnel y terminarán siendo amados y comiendo perdices.
Por último, un tercer aspecto que solemos encontrar en las telenovelas es la diferenciación de clases sociales. Ricos contra pobres suele ser un argumento que podemos ver en cualquier telenovela que se precie, como por ejemplo, la ya clásica María la del barrio.
Ahora, ¿podemos encontrar todos estos elementos en las series coming of age? A grandes rasgos, sí. Pensemos, por ejemplo, cuántas veces nos descubrimos llorando acongojados frente a la pantalla mientras miramos Glee o 13 Reasons Why o Euphoria. Son series que saben explotar las emociones lacrimógenas en sus espectadores. Nos conmueven, nos llegan al alma, nos plantean situaciones donde los jóvenes sufren, ya sea por amor, por ser incomprendidos, por descubrir su identidad sexual o por sus adicciones, pero sufren, sufren, sufren. Y con ellos, sufrimos nosotros.
Por otro lado, también suelen presentarnos finales felices. Recordemos Glee, una serie que debió enfrentarse a una de las peores tragedias tanto en la vida real como dentro de la ficción: la muerte de uno de sus protagonistas. Sin embargo, a pesar de eso, los creadores del show se preocuparon para, en su última temporada, dar las puntadas finales para que todos y cada uno de los personajes tuviera su final soñado.
Incluso el enfrentamiento entre clases sociales se ve reflejado en las series coming of age: un argumento que suele presentarse es la discriminación a aquellos jóvenes que son de clases bajas, que no pueden cumplir los estándares necesarios de ropa, salidas, etc., para ser populares, así como también la discriminación de todos aquellos que forman parte de minorías (raciales, sexuales, etc.).
Entonces, si cumplen con todos estos aspectos, ¿son las series coming of age telenovelas? Sí y no. En parte lo son, porque, como vimos, cumplen con los elementos básicos del género, pero lo cierto es que también son mucho más. No por nada mencionábamos en un comienzo la relación innegable entre las series coming of age y el género literario de la novela de aprendizaje: en las series coming of age no está tanto puesto el foco en un final feliz al modo cuento de princesas, sino más bien en el viaje que deben atravesar sus protagonistas para alcanzar la felicidad.
En ese viaje de la niñez a la adultez por supuesto que van a sufrir, por supuesto que van a conocer la discriminación y los horrores del mundo, y por supuesto que vamos a desear que lleguen a buen puerto, pero eso no es lo importante: lo importante es cómo ese personaje va creciendo frente a nuestros ojos, va adquiriendo las herramientas para lidiar con todo aquello y convertirse en un adulto.
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