El streaming ha sido descrito en más de una ocasión como la forma de entretenimiento del Siglo XXI. Quizá por ello resulte tan increíble que las bases más primarias del concepto puedan remontarse a 1880. Una época en la que ni siquiera existía una industria de cine y series, pero sí que había teléfonos cuyo uso se había popularizado en algunos países de Europa. Tanto así que sus dueños los utilizaban para escuchar ópera y teatro tras el pago de una suscripción. Un servicio conocido como teatrófono.
Las cosas empiezan a complicarse cuando nos vamos a la parte tecnológica. Hay quienes piensan que el punto de inflexión fue hacia 1920 con las patentes para un sistema para la transmisión y distribución de señales por líneas eléctricas. El avance fue aprovechado al poco tiempo para la creación de Muzak, una tecnología de transmisión musical continua a clientes comerciales sin la utilización del radio. También están quienes consideran que estos orígenes son más recientes al remontarse a inicios de los 70 con la propuesta de un código de compresión audiovisual que no pudo perfeccionarse sino hasta finales de los 80.
De la popularización ni hablamos, pues podríamos dedicar artículos enteros a los debates en torno a los distintos eventos que presuntamente lo introdujeron en el imaginario colectivo. Hay quienes piensan que el crédito corresponde a Severe Tire Damage que en 1993 se convirtió en la primera banda en tocar en vivo por internet, una proeza que presuntamente requirió la mitad de todo el ancho de banda de la red. Los escépticos piensan que el grupo no era lo suficientemente conocido y que todo fue gracias a los RollingStones, imitaron la hazaña 1994. El evento fue anunciado como el «primer concierto de multidifusión ciberespacial».
También están los que dan todo el reconocimiento a YouTube, fundado en 2005 luego de que su cocreador Jawed Karim descubriera lo difícil que era encontrar videos específicos en internet. Esto cuando una meses antes fuera incapaz encontrar el medio tiempo del Super Bowl 2004 con la presentación de Janet Jackson y Justin Timberlake, así como imágenes del tsunami del océano Índico. Y claro, tampoco podemos olvidarnos del periodo comprendido entre 2005 y 2007 en el que iTunes incluyó películas y series en su catálogo, Amazon Prime Video debutó como Amazon Unbox y Netflixrediseñó su modelo de negocios de un servicio de rentas en DVD a las bases de la plataforma que conocemos hoy en día.
Finalmente hay quienes piensan que el momento es ahora…
La actualidad del streaming
¿Recuerdan que hace apenas unos años hablar de streaming era prácticamente lo mismo que referirse a Netflix? Esos tiempos han cambiado de manera dramática, pues la competencia se ha tornado tan dura que numerosos analistas la han convertido en una auténtica guerra. Sí, hablamos de las StreamingWars.
Las tensiones aumentan si consideramos todos los sucesos que han ocurrido en apenas un lustro. Los golpes a la autoridad de Netflixcuando Amazon Prime Video se convirtió en la primera plataforma nominada al Óscar por Manchester junto al mar (2016) y cuando Hulu fue la primera en ganar un Emmy a Mejor serie dramática con The Handmaid’s Tale (2017). O los lanzamientos de Apple TV+y Disney Plus en 2019, así como de HBO Max en 2020 y cuyas respectivas fortalezas les convirtieron en los primeros competidores de peso para la compañía de la gran N roja.
Claro, también hay quienes piensan que las Streaming Wars no son más que un mito y que hay espacio para todos. Pero lo cierto es que no hablamos de un mercado como la moda, el automotriz o el alimenticio en el que todos pueden coexistir de manera simultánea, sino uno que requiere tiempo, mucho tiempo de sus usuarios. Las tendencias indican que la oferta se ha tornado tan amplia que numerosas personas ya no se dan abasto y deben decidir con qué servicios permanecen o en el mejor de los casos, qué malabares realizan para no perderse ningún estreno. El mejor ejemplo ha sido Disney+, con suscripciones suspendidas temporalmente por algunos warsies cuando la segunda temporada de The Mandalorian llegó a su fin, lo que será imposible dentro de poco con el estreno masivo de títulos provenientes de la galaxia lejana.
La competencia es tal que incluso ha repercutido en el cine y la televisión. Por años la pantalla grande se escudó en el prestigio de los grandes directores y la espectacularidad visual de los blockbusters, pero ambas barreras se rompieron hace tiempo. Netflixha dejado de ser él invitado incómodo de la temporada de premios para convertirse en una presencia recurrente tras una serie de acuerdos con algunos de los más grandes directores de la actualidad como son Martin Scorsese, Alfonso Cuarón y Bong Joon-Ho por nombrar algunos. A esto sumemos que la pandemia redujo las ventanas de exhibición al mínimo, las desapareció en algunos casos y mandó muchas superproducciones directo al streaming. Mención especial para el factor económico, pues hay quienes encuentran más cómodo y económico pagar por una suscripción mensual que ir a salas.
Esto último también aplica para la pantalla chica, amenazada desde distintos frentes con plataformas que ya incluyen servicios de noticias, música, deportes y más. Todo esto además, favorecido por la ausencia de ataduras horarias, exigencia de espacios concretos –el celular es la nueva televisión de muchos– y en algunos casos, la posibilidad del maratoneo.
Unas Streaming Wars que van más allá del propio streaming. Independientemente de los términos, es un hecho que lo que suceda en los próximos meses moldeará el destino del entretenimiento. Lo único seguro es que no hay marcha atrás.
¿Hacia dónde va el streaming?
Si hay una palabra que definirá el futuro del streaming es el equilibrio. De cada plataforma, al interior de la joven industria y en su interacción con la pantalla grande. La primera implica que cada sistema encuentre su identidad propia, lo que ya ha sido logrado por Netflixpero sigue pendiente para el resto. Tal es el caso de Apple TV+ con series de gran calidad pero que no terminan de impactar en buena parte por la falta de promoción, Disney+ que por ahora depende en demasía de StarWarsy Marvel o HBO Max que ha pasado a segundo término su amplísima baraja de clásicos.
Sobre el entorno general, el grueso del público conoce a las principales, pero ignora que existen más de 200 plataformas en el mercado. La subsistencia de todas es inviable y muchas se perderán en el camino, a menos que encuentren una clara diferenciación que les permita sobresalir del resto y les torne esenciales para las audiencias. Ojo aquí, que la clave no tiene que venir de las películas y las series, como es el caso de HBO Max que en México ofrece los partidos de la Champions League.
En cuanto a la pantalla grande se refiere, es un hecho que ésta sobrevivirá. Así lo demuestran los números que antes de la pandemia reflejaban un claro aumento en los asistentes, que llegaron a un pico durante el 2019 apoyado en buena parte por el estreno de Avengers: Endgame. Eso sí, no esperen que la industria quede exenta de cambios, pues todo apunta a que el cine se tornará cada vez más exclusivo para el blockbuster o algunos géneros de impacto masivo como el terror, que los títulos de presupuesto medio irán directo al streaming, mientras que el indie, salvo contadas excepciones, quedará fuera de las grandes cadenas exhibidoras y será exclusivo de las salas alternativas.
Caso similar al del formato casero, que actualmente batalla ante su novedoso competidor, pero que resurgirá con fuerza por el simple hecho de que ni todas las plataformas podrían englobar más de 100 años de cine, ni más de 90 de series.
A esto sumemos que el streaming aún está lejos de alcanzar su máximo potencial. En el terreno de la oferta y la demanda las plataformas apuntarán a los videojuegos, siendo Netflixel gran pionero de la tendencia. Aún es pronto para decir si Nintendo y compañía deberían preocuparse, pero es un hecho que seguirán esta nueva apuesta muy de cerca. En los aspectos tecnológicos las plataformas apuntarán a tecnologías cada vez más inmersivas como la realidad virtual y aumentada, apoyándose en los recientes pasos de Facebook, ahora rebautizado Meta. Avances que magnificarían el tiempo de permanencia y la fidelización del público con visitas a Hawkins, Winterfell y todo tipo de poblados fantásticos, o con la posibilidad de recibir consejos de vida de Ted Lasso en donde sea.
Y finalmente el codiciado Oscar a Mejorpelícula, cuya estatuilla representa el salto de calidad decisivo. No lo echemos en saco roto que ganarlo no es tan sencillo como parece, al grado que Disney no tiene uno solo, mientras que la desaparecida RKO apenas pudo hacerse con uno. Su llegada es sólo cuestión de tiempo y Netflixlleva clara ventaja en la carrera.
El streaming, que hoy brilla con gran fuerza, aún está lejos de alcanzar su máximo potencial. Los amantes del cine y las series vivimos un momento verdaderamente histórico dentro del entretenimiento y más allá de lo interesante que será ver cómo se desenvuelven las acciones, lo cierto es que todos jugamos un rol activo en el curso de esta historia.
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