Parece que vivimos en la era de contar y volver a contar historias; una y otra vez, siempre las mismas tramas. En estos últimos años no han salido tantas películas que sean 100% originales, completamente novedosas, creadas especialmente para ese momento. Entre remakes y reboots la industria audiovisual parece un refrito del refrito y, sin embargo, no es lo mismo hacer una remake que un reboot. En el primer caso, el camino está más o menos definido, mientras que en el segundo hay que trazarlo completamente de nuevo. Por eso, creemos que realizar una remake es algo más fácil (y cobarde) que un reboot.
Es mucho más fácil (y cobarde) filmar una remake que un reboot


Comencemos por definir los términos. ¿Qué diferencias hay entre una remake y un reboot? Una remake, como bien lo indica la palabra, significa “volver a hacer”. El objetivo de una remake es volver a realizar una película (o serie) que ya ha demostrado ser exitosa en el pasado, pero respetando relativamente la visión original de ese producto audiovisual.
Reboot, en cambio, es un término que significa “reiniciar” y que, gracias al boom de los filmes de superhéroes, está bastante difundido. Cuando se crea un reboot, lo que se hace es reiniciar una historia o universo, con nuevos actores y nuevas formas y tramas de la misma historia. Básicamente, lo que suele pasar con los universos de superhéroes que cada tanto aprietan el botón de reboot y comienzan de nuevo a contar la historia de un mismo personaje desde otro punto de vista.

Ahora, ¿por qué es más fácil hacer una remake que un reboot? Básicamente porque cuando uno intenta hacer una remake, no está planeando modificar demasiado nada, sino contar la misma historia con nuevos actores. Muchas veces esto es lo que sucede con las películas extranjeras que se “rehacen” para el mercado norteamericano. Un claro ejemplo de esto son las películas de terror japonesas, como Ringu, de Hideo Nakata, que todos conocemos más por su versión estadounidense titulada “The Ring” o, en Latinoamérica, “La llamada”. Aquí, Gore Verbinski siguió los pasos de Nakata para contar una historia que ya se había probado exitosa y que, hoy en día, es uno de los clásicos de terror y abrió la puerta a otras remakes como The Grudge, Dark Waters o The Eye.
Otro motivo por el que se realizan remakes es para volver a traer a la pantalla clásicos de antaño, aunque eso no siempre (o casi nunca) sale bien. En 1998, por ejemplo, el aclamado director Gus Van Sant decidió “rehacer” Psycho, el clásico de Alfred Hitchcock. La única gran diferencia entre la obra del maestro del suspenso es que la versión de Van Sant es a color, pero la realidad es que las dos películas parecen calcadas. El fracaso de la nueva versión fue tal que hasta recibió nominaciones para los infames premios Golden Raspberry, ganando en las categorías Peor Remake y Peor Director.

Los reboots, en cambio, pueden traer hermosas sorpresas. Hay dos grandes ejemplos al respecto. El primero es, claro, Batman. El Caballero Oscuro de DC ha sufrido tantos reboots que ya casi hemos perdido la cuenta, pero en esos intentos de reiniciar su historia, en algún momento allá por el 2005 llegó Christopher Nolan con su inolvidable trilogía que comenzó con Batman Begins, probablemente una de las mejores versiones de la historia del defensor de Ciudad Gótica que hemos visto hasta el momento. Nolan tomó riesgos a la hora de contar la historia de Bruce Wayne, le imprimió su propio estilo, sumándole a un Christian Bale y a un Heath Ledger que van a quedar en la memoria de todos. Ni el Batman de Bale ni el Joker de Ledger se parecen a nada que hubiéramos visto antes. Y de nuevo, recientemente, Joaquin Phoenix, quien se vistió del Joker, protagonizó otro reboot para mostrarnos al peor villano del universo del Caballero Oscuro de una manera inesperada, pero exitosa, de la mano del director Todd Phillips.
Otro ejemplo de cómo triunfan los reboots es nuestro 007. En el 2006, con Casino Royale, James Bond cambió de rostro y también de tono. Atrás dejamos a los caballerescos Sean Connery y Pierce Brosnan, para adentrarnos en un Bond más inexperto y vulnerable, interpretado por Daniel Craig. Si bien las otras versiones de James Bond habían sido exitosas, es esta versión, este reboot el que le trae el mayor éxito a la franquicia: Casino Royale y Skyfall (la película del 2012) son los dos filmes que mayores ganancias obtuvieron dentro de la saga de James Bond desde siempre.

Entonces, volvamos al principio. Es cierto que parece que vivimos en una época donde todas las historias ya han sido contadas una y mil veces. Sin embargo, encarar el reboot de una historia implica mucho más coraje y dedicación que una remake. En un reboot, una nueva mirada es necesaria, una nueva forma de contar las cosas, quizás de poner el foco en sitios de esa historia que ya fue contada que antes no se habían podido explotar.
Hacer un reboot es un desafío: implica imprimirle una nueva identidad a una historia ya conocida, y eso solo lo hacen los valientes.