Ser musulmán árabe: cine, televisión y estigmatización

El 11 de Septiembre del 2001 el mundo cambió. Los cuatro atentados terroristas suicidas que sacudieron Estados Unidos, y cuyo recuerdo más visible es la caída del World Trade Center, marcaron un antes y un después en la historia más actual de la humanidad. 

A partir de allí no solo pudimos ver consecuencias políticas, sino que también el cine y la televisión cambiaron. Para el cine norteamericano había surgido un nuevo enemigo común que aparecería una y otra vez en la pantalla: el musulmán árabe terrorista. 

No hay dudas de que el cine hollywoodense es el más visto y el más difundido en el mundo. El nivel de sus producciones y la cantidad de sus producciones permite que sus historias lleguen a todos los confines del mundo. Por lo tanto, muchas veces, esas historias terminan creciendo hasta convertirse en una única verdad universal acerca de cómo funciona en el mundo y quiénes lo habitan. Chimamanda Ngozi Adichie, la autora nigeriana detrás de novelas como Americanah o de ensayos como Todos deberíamos ser feministas, señaló en su TED TalkEl peligro de la historia única” justamente el riesgo que se corre cuando una sola voz es la que se difunde y llega a todos lados. Allí, Ngozi Adichie señala: “El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva. (…) La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia.

Gracias a la propagación de los relatos hollywoodenses, la imagen más difundida en el mundo de la comunidad musulmana y árabe se convirtió necesariamente en la de los terroristas, alimentando un discurso de discriminación y miedo que, lamentablemente, todavía perdura. 

Fuente: Showtime

Estados Unidos necesitaba contar su historia y necesitaba validar su experiencia y el cine y la televisión no fueron ajenos a ello. Así, surgieron series como 24 o Homeland donde la figura árabe musulmana siempre estaba ligada al terrorismo, o películas como The Guardian, repleta de acción y clichés, Zero Dark Thirty, que básicamente legitima las torturas que ejerció la CIA en pos de encontrar a Osama Bin Laden, e incluso la fantástica World War Z, una película de zombies, que ubica el espacio de salvación en Jerusalén, por supuesto, no en Palestina. 

Sin embargo, las décadas de estigmatización parecen estar llegando a su fin. Las pantallas, grandes y chicas, cada vez más le dan lugar a actores y actrices de origen árabe musulmán, y son ellos quienes pelean por construir una mejor imagen para su gente, por contar una historia diferente. A veces, incluso, de formas novedosas. En un episodio de la quinta temporada de Homeland, artistas árabes que habían sido contratados para “decorar” el set de un campo de refugiados sirios con graffitis en árabe, aprovecharon la ignorancia de los productores acerca del idioma para pintar en las paredes mensajes como “Homeland es un chiste y no nos hace reír”, “Este programa no refleja la visión de los artistas”, etc. 

Otras veces, actores más consagrados son capaces de poner límites o expresar sus opiniones acerca de esta demonización de lo árabe musulmán en la televisión y el cine. Rami Malek, quien interpretará al villano en el nuevo film de James Bond, puso condiciones para tomar el papel: no podía estar relacionado con el extremismo religioso, ya que él no quería seguir perpetuando la imagen del terrorista musulmán en el cine. 

Riz Ahmed, por otro lado, quien se convirtió en el primer actor musulmán en ser nominado a la categoría de Mejor Actor en los Premios de la Academia, aprovechó su fama para llamar la atención sobre el tema. En sus redes sociales compartió el estudio “Missing & Maligned: The Reality of Muslims in Popular Global Movies, que analiza 200 filmes de Estados Unidos, Reino Unido y Australia para demostrar que en un 39% de los casos se representaba a los árabes musulmanes como los personajes que ejercían actos de violencia. 

A partir del mensaje de Riz Ahmed, se creó el Riz Test, una suerte de Bechdel Test (el test que se utiliza para analizar la representación femenina en las producciones audiovisuales) de cinco puntos que nos ayudan a revisar cómo están siendo representados los miembros de la comunidad árabe musulmana en la televisión y el cine. Las preguntas que plantea el Riz Test van desde si se lo presenta como un terrorista hasta si es presentado como una amenaza a la forma de vida de occidente. Preguntas obvias, tal vez, pero que evidentemente, ante la falta de diversidad en la industria audiovisual, se vuelven necesarias.

Volviendo a la idea de Chimamanda Ngozi Adichie y sirviéndonos de elementos como el Riz Test, quizás podamos, por fin, abrir la puerta a más de una única historia, a escuchar otras versiones que no vengan de los poderosos, para descubrir que hay mucho más que cuentos sobre monstruos terroristas para contar. 

Spoiler Show #11