Cuando Disney jugó a ser adulto: la historia de Touchstone Pictures

Walt Disney, considerado por muchos como el eterno soñador de la industria cinematográfica, sorprendió al mundo cuando en 1959 aseguró con una frialdad pocas veces vista que sus producciones no iban dirigidas netamente a los más pequeños: «debes apelar a los adultos», declaró para BBC. «Los adultos tienen el dinero, los niños no». El público nunca se lo recriminó, pero tampoco compartió su idea del todo, que parecía ilógica para alguien cuya obra se cimentaba sobre los dibujos animados y las cintas familiares. Una tendencia que se extiende hasta nuestros días, con los estudios Disney relacionados hasta el cansancio con el cine infantil y familiar.

Esta noción generalizada se tornó especialmente problemática tras la Segunda Guerra Mundial, pues la evolución del contexto sociopolítico hizo que las audiencias mundiales y muy especialmente las estadounidenses perdieran interés en la fantasía y los cuentos de hadas. Los esfuerzos del estudio por adaptarse fueron especialmente palpables en su llamada Era de Plata que comenzó con títulos que invitaban a soñar como Cenicienta (1950) o Peter Pan (1953) y terminó con historias centradas en la madurez como La espada en la piedra (1963) y El libro de la selva (1967), destacando además que ésta fue la última película aprobada por el propio Walt antes de su muerte en 1966.

Todo esto provocó que la situación del estudio se tornara crítica hacia los 70 y 80. La Motion Picture Association of America consideraba que el 60% del público tenía entre 12 y 24, pero los principales estrenos del estudio estaban clasificados para menores de 12 años. Por si esto no fuera suficiente, los límites de edad se estrechaban aún más ante la naturaleza liberal de la época. Los niños de 10 y 11 perdieron interés en filmes animados y familiares que consideraban infantiles y anticuados. Todo esto es clave para entender la experimentación propia de la Era de Bronce del estudio, que buscó técnicas para reducir costos al máximo y tramas más oscuras como la vista en El caldero mágico (1985), primera película animada del estudio con clasificación PG y la única hasta Dinosaurio (2000).

Nada parecía funcionar y fue necesario tomar medidas drásticas para enfrentar estos nuevos tiempos.

Entra Ron W. Miller

Explicar la historia de Touchstone sin hablar de Ron W. Miller es una labor imposible y para ello hace falta remontarse a 1954, cuando el entonces joven deportista contrajo nupcias con Diane Disney, hija de Walt. Sus esfuerzos por consolidarse en el futbol americano profesional se tambalearon poco tiempo después, pues un golpe sufrido en un partido lo dejó inconsciente. Esto no fue del todo malo, ya que su suegro se encontraba en las gradas y, temeroso por el futuro familiar, lo invitó a incorporarse a The Walt Disney Company que en ese entonces operaba bajo el nombre de Walt Disney Productions. El propio Miller reconoció años más tarde que todo esto fue lo mejor que pudo pasarle en la vida.

Ron no tenía ninguna formación cinematográfica, de modo que su primer trabajo fue de enlace entre Disneyland y WED Enterprises, departamento correspondiente a los Imagineers. En 1957 fue inscrito al Sindicato de Directores y trasladado al estudio donde llegó a operar como asistente de dirección de series como Old Yeller y Zorro. Finalmente fue productor de títulos tan variados como Son of Flubber (1963), Escape to Witch Mountain (1975), Mi amigo el dragón (1977) y Tron (1982), por nombrar algunos.

Este deambular por distintas áreas le dio una visión sumamente amplia de la compañía que resultó clave cuando se convirtió en el presidente de la misma en 1980, así como en su CEO en 1983. Todo un cuento de hadas, de no ser porque tomó un estudio en una situación crítica y urgido de nuevas alternativas para reconquistar al público.

La evolución del legado

«Tenemos problemas», reconoció Miller a Los Angeles Times [vía] solo unos meses después de su nombramiento. Las películas animadas de Disney no tenían ni de cerca la popularidad de los primeros clásicos, mientras que sus más recientes incursiones en el terreno live-action no eran grandes negocios. Pero también fue tajante al asegurar que «estamos haciendo algo al respecto». Esto desembocó en uno de los momentos más controvertidos y decisivos del estudio: la creación de una rama adulta con Touchstone Films en 1984. A casi 40 años de distancia, el concepto tal vez no luzca tan arriesgado. Después de todo, el plan inicial consistía en estrenar cuatro títulos anuales bajo este sello, todos con clasificación PG. Pero en su momento, la idea fue una auténtica revolución.

«Para el espectador promedio, el nombre Disney tiene un significado, imágenes e identificación especiales», justificó Miller en su momento. «El nombre de Walt Disney es probablemente el más definitivo y, al mismo tiempo, el más favorable de cualquiera de las compañías cinematográficas con respecto al entretenimiento familiar insuperable de la más alta calidad. Sin embargo, la fuerza de la asociación de Disney con el entretenimiento familiar puede tener un marcado efecto adverso en nuestra capacidad para ampliar nuestros horizontes de marketing y producción. Creo que algunas películas de Disney muy buenas en los últimos años, con temas más para adultos, han fallado en la taquilla a causa de ello. Además, como dije anteriormente, Touchstone nos permitirá mantener la fuerza inherente de la tradición de Disney sin alterar el legado». [vía]

El ejecutivo demostró tener razón con el proyecto debut: Splash (1984). Si bien la cinta dirigida por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks y Daryl Hannah se apoyó en la fantasía, su naturaleza urbana exigió tintes realistas plasmados en el lenguaje y la sensualidad. ¡Incluso incluyó tenues desnudos! Algo impensable para una película relacionada con Disney. La valentía de la decisión se acentúa cuando recordamos que algunas de sus secuencias más atrevidas fueron censuradas en 2020 cuando la cinta fue incorporada al catálogo de Disney Plus.

Fue un éxito absoluto, con una taquilla cercana a los $70 millones de dólares (a partir de este momento MDD) que le posicionó en el top ten de recaudación global y que superó con creces la recaudación de títulos previos más ambiciosos y costosos como Tron ($33 MDD) y La feria de las tinieblas ($8.4 MDD). Esta importante suma vino acompañada de una nominación al Oscar en la categoría de Mejor guion original que fue determinante para generar confianza. Todo esto fue preciso para que Michael Eisner y Frank Wells, quienes en 1984 sucedieron a Miller como CEO y presidente, continuaran con el desarrollo de la marca.

Los proyectos siguientes, Country (1984), Baby: Secret of the Lost Legend (1985) y My Science Project (1985), estuvieron muy lejos de replicar los números de la sirena. En este caso, la compensación llegó desde la pantalla chica con el lanzamiento de Touchstone Television y su flamante debut con The Golden Girls que terminaría posicionándose entre las series más celebradas de su tiempo.

La buena respuesta cinematográfica regresó con Down and Out in Beverly Hills (1986) cuya taquilla de $62.1 MDD le permitió rozar el top ten de recaudación global. Más significativa fue su clasificación R que le convirtió en la primera película Disney solo para adultos. Los números lo dejaban muy claro, había llegado el momento de crecer.

Las películas animadas de Disney no tenían ni de cerca la popularidad de los primeros clásicos, mientras que sus más recientes incursiones en el terreno live-action no eran grandes negocios.

Años de consolidación

Touchstone Films cambió su nombre a Touchstone Pictures tras el estreno de Ruthless People en junio de 1986, una decisión más bien comercial que logró el posicionamiento de la marca al ser el nombre con el que alcanzó la consolidación y que preservó hasta su cese de operaciones.

Por ende, fue también con este nombre con el que dio sus primeros pasos en busca de sus mayores hazañas. Tal fue el caso de la primera colaboración con los máximos talentos creativos e histriónicos a partir de El color del dinero (1986), dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Paul Newman y Tom Cruise. El veterano histrión fue reconocido con el Oscar a Mejor actor, dando así el primer gran galardón al sello.

Se incursionó además en el mundo de las franquicias, aunque irónicamente con un proyecto no original como Ernest Goes to Camp (1987) que fue la segunda aventura del atolondrado personaje interpretado por Jim Varney. En este sentido, su primer proyecto propio fue Tres hombres y un bebé (1987) cuyo éxito desembocó en la secuela Tres hombres y una pequeña dama (1990). Su primer remake fue El padre de la novia (1991), protagonizado por un Steve Martin tan carismático que ascendió como la versión definitiva a ojos de las nuevas audiencias, superando al clásico original de 1950 dirigido por Vincent Minnelli y protagonizado por Spencer Tracy y Elizabeth Taylor.

Fue en esta misma época cuando se concibieron los primeros clásicos instantáneos. Una muy selecta lista que incluye títulos sumamente queridos por el público como Buenos días, Vietnam (1987), Socios y sabuesos (1989), Cambio de hábito (1992) y Ed Wood (1994), solo por nombrar algunos. Mención aparte para Mujer bonita (1990), considerada como la comedia romántica definitiva y que figura como la segunda cinta más taquillera en toda la historia de la marca solo por detrás de Armageddon (1998). Una auténtica hazaña que generó importantes alianzas con importantes reyes de la taquilla mundial.

Ni qué decir de La sociedad de los poetas muertos (1989) que representó su primera nominación al Oscar en la categoría de Mejor película, un logro que, contra todos los pronósticos, tardó diez años en repetirse con El informante (1999) y que solo se obtuvo en cuatro ocasiones más con Criadas y señoras (2011), Caballo de batalla (2011), Lincoln (2012) y Puente de espías (2015). Ninguna pudo hacerse con la máxima estatuilla, siendo ésta la cuenta que quedaría pendiente para siempre.

Honrando el legado

Si bien Touchstone fue creada para dar una mirada adulta a Disney, esto no le impidió echar un vistazo al pasado del estudio familiar para combinar la nostalgia con nuevas fórmulas.

El primer gran exponente de esta tendencia fue ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988) que, coproducida con Amblin y dirigida por Robert Zemeckis, marcó una auténtica revolución del cine animado. No solo por su estupenda técnica híbrida que le valió el Oscar a Mejores efectos visuales, sino por su madurez al combinar personajes animados de todos los tiempos en una historia policiaca que por momentos deambula muy cerca el noir. Tiene momentos perturbadores, armas de fuego, muertes violentas e incluso una femme fatale en la figura de Jessica RabbitSu punto climático fueron sin duda las escenas compartidas entre Donald y Lucas, así como entre Mickey Mouse y Bugs Bunny. Sencillas en su creación, mas no en su negociación, ya que Warner solo aceptó prestar a sus máximos personajes animados si estos tenían exactamente el mismo tiempo en pantalla que los de Disney, por lo que se decidió que la mejor opción para lograrlo era mostrarlos en pareja. Su éxito fue tal que el conejo titular fue piedra angular de los parques temáticos del ratón a inicios de los 90.

Aunque Dick Tracy (1990) y Rocketeer (1991) rara vez son enlistados en las adaptaciones de comics y el cine de superhéroes, ambos fueron determinantes en la evolución del subgénero, al grado que muchos de sus elementos pueden apreciarse en películas del Marvel Cinematic Universe y el DC Extended Universe. El colorido, la narrativa e incluso los creativos, recordando que Joe Johnston fue elegido como director de Capitán América: El primer vengador (2011) precisamente por su trabajo en la cinta de Rocketeer.

No podemos olvidarnos de El extraño mundo de Jack (1993), dirigida por Henry Selick pero eternamente vinculada a su creador Tim Burton, quien la concibió como un poema ilustrado. El proyecto generó numerosos dolores de cabeza en su mente maestra, ya que Disney, donde trabajaba como animador, no quiso adaptar la historia al considerarla demasiado extraña. El estudio cambió de opinión cuando el creativo triunfó en la dirección con Beetlejuice (1988) y Batman (1989), y aunque originalmente contempló estrenar con el sello maestro, al final se decantó por Touchstone por miedo a que el proyecto asustara a sus audiencias más pequeñas. Alcanzó el culto de manera inmediata, mientras que su originalidad le abrió camino hasta ascenderle entre las películas animadas más queridas de todos los tiempos.

El fin de una era

La fórmula que caracterizó a Touchstone en sus primeros años empezó a cambiar hacia finales de los 90 con una priorización importante de la acción. Una apuesta que en primera instancia no suena muy arriesgada, pero que implicó inversiones significativas que desembocaron en algunos de los títulos más populares de su tiempo: Con Air (1997), Contracara (1997), El avión presidencial (1997) y muy especialmente la ya nombrada Armageddon (1998) que ascendió como la película más taquillera en toda la historia de la compañía y como la joya de la corona de la jugosa alianza con el productor Jerry Bruckheimer.

Ni siquiera las impresionantes recaudaciones de estos blockbusters le hicieron perder su esencia, que continuó manifestándose en una baraja cada vez más amplia de posibilidades: de la brutal Invasión (1997) de Paul Verhoeven a la popular Novia fugitiva (1999) que marcó el reencuentro de Garry Marshall, Julia Roberts y Richard Gere, y sin olvidarnos de las muy queridas Alta fidelidad (2000), El hombre bicentenario (1999), 10 cosas que odio de ti (1999), The Waterboy (1998) y Rushmore (1998).

Sí, Touchstone también jugó un papel importante en el ascenso de Wes Anderson, en una colaboración que se extendió a Los excéntricos Tenenbaums (2001) y Vida acuática (2004). No fue el único, pues también contribuyó a la consolidación de M. Night Shyamalan con El protegido (2000), Señales (2002) y La aldea (2004). Aunque claro, sin desentenderse de los talentos consolidados como Martin Scorsese con Pandillas de Nueva York (2002) o Kevin Costner con Open Range (2003).

Pero el salto al nuevo milenio también llegó acompañado de una reducción importante en el número de estrenos, que pasó de los doce en el 2000 a solo ocho en el periodo comprendido entre 2007 y 2009. Un descenso que, no está de más decirlo, vino acompañado por cada vez menos popularidad y reconocimiento entre el público y la crítica. Estas bajas se debieron en buena parte al estreno de Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra (2003), cuya naturaleza oscura y sus estupendos resultados en taquilla hicieron pensar a Disney que quizá no necesitaba de otras marcas para sacar adelante proyectos que antes parecían impensables para la compañía central.

El 2010 parecía ser una década de transición y reposicionamiento con cada vez menos estrenos masivos –Soy el número cuatro (2011), Noche de miedo (2011), Gigantes de acero (2011) y Need for Speed (2004) figuran entre las pocas excepciones– y una priorización del cine que apunta de lleno a la temporada de premios. El objetivo se logró con las ya mencionadas Criadas y señoras (2011), Caballo de batalla (2011), Lincoln (2012) y Puente de espías (2015), pero nada de esto fue suficiente para garantizar la supervivencia. La historia de Touchstone terminó en 2016 con el tibio estreno de La luz entre los océanos cuya dupla estelar integrada por Michael Fassbender y Alicia Vikander fue incapaz de llamar la atención de las audiencias.

Ni este desenlace podrá borrar el legado de Touchstone, cuyo impresionante catálogo le ha dado un lugar de honor en la historia del cine y en la memoria de incontables aficionados que siguen disfrutando de sus películas como desde el primer día.

Spoiler Show #11