La historia del contenido para adultos en la televisión

The Sopranos

Cada vez es más común que los contenidos televisivos aborden sin tapujos una serie de elementos que antes parecían exclusivos del cine como la violencia, la sexualidad y el lenguaje soez. Pero si hace apenas unos años aún era motivo de sorpresa – ¿recuerdan la sorpresa de muchos ante series como Game of Thrones estrenada apenas en 2011?– es en buena parte por la naturaleza familiar que siempre ha caracterizado a la pantalla chica.

Esta etiqueta histórica puede atribuirse a la popularización del modelo norteamericano desarrollado durante la II Guerra Mundial. Uno que, a diferencia de los concebidos por países como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia previo al conflicto bélico, nunca persiguió grandes innovaciones en la creación de contenidos exclusivos para la tecnología audiovisual, sino que se conformó con la imitación de las viejas fórmulas radiofónicas. Esto facilitó la consolidación porque las audiencias estaban familiarizadas con la construcción narrativa y convirtió a la televisión en el nuevo epicentro familiar con contenidos aptos para todos. Una imagen tan idílica y mercadológica que hoy día sigue presente en el imaginario colectivo, pero tan utópica que no tardó en resquebrajarse en la realidad.

No pasó mucho tiempo para que las cadenas empezaran a percatarse que la homogeneización no funcionaba por el simple hecho de que los distintos grupos que integraban a la sociedad tenían intereses muy distintos entre sí. Tanto así que fue en la misma posguerra cuando surgió la segmentación por géneros y rangos de edad que, sin caer en grandes excesos, permitió la creación de tramas cada vez más maduras e incluso inaccesibles para los más pequeños. Esta evolución continuó manifestándose ante los crecientes cambios sociopolíticos del mundo, hasta que obligó a dejar atrás el viejo sueño americano para abordar historias más realistas, pero también más crudas. O lo que es lo mismo, más adultas…

Crédito: Comedy Central

Programación no apta para todo público

La desaparición del Código Hays en 1968 obligó a que las autoridades norteamericanas buscaran nuevos métodos para garantizar que los contenidos cinematográficos llegaran únicamente al grupo de edad al que iban dirigidos. Fue así como en noviembre de ese mismo año se creó el primer sistema de clasificaciones del Motion Pictures Association of America (MPAA) que segmentaba las películas en G (general), M (maduras), R (restringido) y X (solo para mayores de 16).

La ruta seguida por la televisión fue muy distinta. En los 70, la sociedad empezó a mostrarse preocupada por el aumento de sexo y violencia en la pantalla chica, un canal que había cambiado mucho en las últimas dos décadas, pero que mantenía su carácter familiar y hogareño en la mente del público. Luego de muchos debates, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de los Estados Unidos impuso en 1975 la Family Viewing Hour (Hora de visionado familiar), una política que obligaba a todas las cadenas estadounidenses a transmitir contenido familiar en la primera hora del prime time (20:00 a 21:00 hora del este).

La medida desapareció solo dos años después luego de que un juez la declarara inconstitucional, pero sus dos años de existencia fueron suficiente para que muchas cadenas continuaran con la práctica de manera voluntaria ante la buena respuesta del público, pero también ante las presiones del mismo. Esto recordando que en 1989, una mujer de Michigan comenzó una cruzada contra Married… with Children tras ver un episodio acompañada de sus hijos y con la que dos compañías anunciantes retiraron su apoyo de la franja horaria. O que desde 2001 el Parents Television Counsil (PTC) ha encabezado campañas que exigen el regreso de la Family Viewing Hour alegando que los shows transmitidos a las 20:00 cada vez eran menos aptos para todos.

Los cambios más drásticos llegaron en 1996, cuando el gobierno de los Estados Unidos redujo la responsabilidad de las cadenas televisivas y aumentó la de los padres al considerar que debían ser ellos quienes decidieran lo que sus hijos podían ver. El primero de ellos fue la implementación del V-chip en los equipos y que permite bloquear contenidos específicos. Una encuesta realizada en 2007 [vía] lo mostró como un fracaso histórico tras revelar que solo el 16% de los padres lo habían utilizado y que un 57% ni siquiera sabía de su existencia.

El segundo fue la creación de las pautas parentales de televisión, mejor conocidas internacionalmente como TV parental guidelines. Un sistema de clasificación inspirado directamente en el concebido por la MPAA, que segmenta la programación en seis rangos de edad dependiendo del público al que va dirigida y que incluye una pequeña leyenda al inicio de la transmisión. El más estricto es TV-MA al ser contemplada «para ser visto por un público adulto y maduro y puede no ser adecuado para niños menores de 17 años». Estos contenidos suelen caracterizarse por el exceso de blasfemias, así como por la presencia de sexualidad y violencia explícita. Un sistema tan básico que casi podría parecer infalible, pero que se ha visto sacudido por las polémicas de un mundo cada vez más complejo.

Cambios en las tendencias

La industria estadounidense fue determinante para popularizar la idea de que la animación es virtualmente exclusiva para los más pequeños. Quizá por ello, resulta particularmente irónico que la primera seria en obtener clasificación TV-MA fuera South Park, cuya modesta técnica y continua dosis de irreverencia no le ha impedido cosechar 23 exitosas temporadas, complementadas además por una película que puede presumir una nominación al Oscar. Su aceptación es tal que sus creadores Trey Parker y Matt Stone recientemente firmaron un acuerdo por $900 millones de dólares con ViacomCBS para la realización de diversos proyectos relacionados, muchos de los cuales irán directamente a Paramount+.

Si bien lo hecho por Stan, Kyle, Cartman y Kenny es histórico, lo cierto es que su hazaña solo pudo concretarse gracias a las bases asentadas años antes por otras series animadas de renombre como Los Simpson y Beavis & Butt-Head, cuya respectiva clasificación sugería orientación de los padres por un humor apoyado en la ofensa, la sexualidad y el consumo de tabaco, alcohol u otras sustancias en más de una ocasión. A su vez, todo esto ha ayudado a la creación de una industria animada cada vez más adulta con títulos como Drawn Together, Archer, Rick and Morty o BoJack Horseman, solo por nombrar algunos. Ni qué decir de los canales que se han centrado de lleno en estos contenidos como Locomotion o del impacto de han tenido en estudios más convencionales como Disney que no vacila en relacionar a Bart y compañía con sus propiedades más populares.

Pero si de contenidos televisivos para adultos se trata, nadie ha entendido mejor el concepto que HBO. Aunque creada en 1971, la cadena aprovechó su expansión en los 90 y su naturaleza de paga para iniciar una auténtica revolución en el medio rebautizó a sus creadores como showrunners y los convirtió en el eje central de sus producciones. Esta estrategia se vio reflejada en su primer gran proyecto, The Sopranos, que fuera definido por Vanity Fair como «el Rolls-Royce de la televisión de paga, un gigante crítico y comercial cuyo impacto ha redefinido la televisión americana como un medio para adultos». Esto último por su uso de violencia, sexualidad y lenguaje precoz, pero sobre todo por sus contenidos cada vez más elaborados que comenzaron la reivindicación de una pantalla chica históricamente señalada por su presunta banalidad.

Este recorrido no solo ha continuado a lo largo del Siglo XXI, sino que alcanzó un punto climático con Game of Thrones cuyos incontables reconocimientos no le salvaron de ser duramente criticada por un aparente exceso de brutalidad especialmente palpable en el asesinato de niños y la violación de personajes femeninos.

Transición online

Más allá de cualquier clasificación, la televisión tradicional siempre reguló sus contenidos adultos con una estrategia sumamente primaria: la franja horaria. O lo que es lo mismo, la idea de que entre más tarde se transmite una serie, menos niños estarán despiertos para verla. Esta noción no tiene cabida alguna en el mundo del streaming que siempre ha clamado entre sus mayores fortalezas el poder que brinda a los usuarios de decidir la hora de ver una serie o película y ha representado un nuevo desafío para los sistemas de clasificación.

La naturaleza híbrida de algunas plataformas, como es el caso de HBO Max que comparte una parte importante de sus contenidos con HBO, les ha llevado a adoptar las TV parental guidelines. Pero otras que solo existen en el terreno digital se han decantado por sus propias clasificaciones como es el caso de Netflix que segmenta sus títulos en tres bloques básicos de niños, adolescentes y adultos que a su vez son subdivididos en grupos de edad. En ambos casos, los distintos sistemas tienen controles parentales que permiten la creación de cuentas para niños y que protegen las adultas con contraseñas.

Por extraño que parezca, existe una noción generalizada de que las distintas plataformas no cuentan con tanto contenido maduro, al grado que numerosos foros en internet preguntan si Netflix siquiera tiene títulos adultos. Nada más equivocado, pues apenas el 2018 se reveló que el 61% de los llamados Netflix Originals eran para mayores de 18 años, el 18% de 14 años y solo el 7% para el público general con orientación de los padres.

La sorpresa fue aún mayor cuando se reveló que la serie de Amazon basada en The Lord of the Rings quizá no apuntaría a la clasificación PG vista en las adaptaciones de Peter Jackson, sino que se decantaría por la R que la harían exclusiva para los adultos. Una decisión que ha generado sentimientos encontrados entre los aficionados de la obra de Tolkien, quienes temen que el salto televisivo de la saga remita más al Westeros de George RR Martin que a la Tierra Media creada por JRR Tolkien.

Ni siquiera Disney Plus ha desechado el potencial de los proyectos restringidos. Aunque su sección de ayuda asegura que no existen títulos con clasificación R en su catálogo, lo cierto es que sí los hay, solo que todos han sido relegados a Star y ninguno de ellos ha sido creado en exclusiva para esta plataforma alternativa. No es la primera vez que el ratón se decanta por los proyectos para mayores de edad, recordando su primer gran esfuerzo con Touchstone.

La pantalla chica, simplificada hasta el cansancio en la historia del entretenimiento, ha demostrado ser más compleja de lo que muchos pensaban. Después de todo, su naturaleza intimista y su cercanía con las audiencias le han convertido en el espejo perfecto de una sociedad que ha dejado de creer en los mundos idílicos de antaño y que prefiere verse reflejada en un mundo mucho más realista, sin importar lo cruenta que esta visión pueda resultar.

Spoiler Show #11