Originario de Hermosillo, Sonora y con ascendencia alemana, Gustavo Egelhaaf se describe como un niño que sufrió una falta de cariño, la cual lo llevó a buscarlo a través de la actuación, una profesión que parecía diseñada completamente para su persona.
“Existe una necesidad de atención y de expresión detrás del artista que viene de una carencia”, sobre el fondo de dedicarse al medio artístico. ” Yo siendo un niño sí buscaba eso y me cuestioné la idea de querer ser aplaudido”.
Su llegada a la Ciudad de México transformó su vida y su forma de ver su futura carrera de la cual él estaba seguro no querer hacer lo mismo que el sistema ya preestablecido lo quería obligar a hacer, es por ello que tomó la decisión de rechazar proyectos comerciales por darle la razón al actor revolucionario que vivía en él, pero que tiempo después se daría cuenta de lo que estaba perdiendo en esas oportunidades.
“Había una onda de pasión detrás de este actor buscando su camino y descubrí que hay aprendizajes en todos lados. Que me estaba limitando en aprender muchas cosas técnicas, por ejemplo, que no conocía al no querer hacer cine más comercial, televisión, u otras cosas”.





