La serie de Netflix nos entregó una segunda temporada bellísima

El pasado 14 de diciembre llegó, luego de una larga espera de casi dos años, la segunda temporada de Hilda, la serie animada de Netflix basada en la novela gráfica de Luke Pearson que cuenta la historia de esta niña de pelo azul hambrienta de aventuras en la mágica ciudad de Trolberg.

En esta segunda entrega, veremos una Hilda que parece estar creciendo, como así también los otros personajes que la acompañan (sus amigos David y Frida), algunas historias de origen, caras nuevas y criaturas nuevas también.

La segunda parte de Hilda definitivamente muestra la maduración, no solo de su personaje principal, esta niña adorable que dejamos en la primera temporada y que en esta empieza a tener algunas conductas de adolescente que la llevan a enfrentarse con su madre, sino también de la serie entera, que, sin perder el pie en ese mundo mágico y hermoso que supo inventar, logra poner el dedo en algunas situaciones no tan alejadas a la vida real de todos nosotros. Trolberg, en esta temporada, ya no será esa ciudad idílica, protegida por los muros, sino que comenzará a ceder ante los avances de la población y de la tecnología.

A diferencia de la primera temporada, en esta segunda entrega de Hilda, tendremos un personaje a odiar: se trata de Erik Ahlberg, el director de la patrulla de seguridad de la ciudad de Trolberg, un hombre que solo desea la fama y la gloria y que no posee ningún tipo de tacto para lidiar con las situaciones tan especiales que se dan en la ciudad. Ahlberg no tendrá ninguna cualidad que lo redima, no sabe escuchar, quiere ser siempre el protagonista y no le importa en lo más mínimo respetar la vida de todas las criaturas que rondan por ahí. Desde los túneles de las Vittras hasta el espacio vacío de los Nisse, todo correrá riesgo de ser modificado y explotado en beneficio de los seres humanos.

Será Hilda, por supuesto, junto a sus amigos, quien deberá idear los planes más alocados para preservar la vida pacífica de todas las criaturas de Trolberg, dentro y fuera de los muros, aunque no sin equivocarse y no sin ella misma tener que hacer una revisión de sus propias acciones egoístas y de las consecuencias que estas conllevan.

Fuente: Netflix

En esta nueva temporada, como decíamos en un principio, volvemos a encontrarnos con caras conocidas, a quienes vemos crecer y cambiar, y también tendremos la oportunidad de conocer algunos rostros nuevos. Entre los conocidos, quizás los dos personajes que más han crecido en esta segunda entrega son Frida y Twig. La primera descubre su verdadero llamado, la magia, y comienza el lento pero seguro entrenamiento para convertirse en una bruja. Twig, por su parte, recibe una más que esperada back-story, donde por fin conocemos sus orígenes y qué es específicamente un ciervo-zorro. The Deerfox, como se titula este episodio, es tal vez el más hermoso y conmovedor de la serie y, seguramente, quede en el corazón de todos.

Las nuevas aventuras de Hilda nos presentan también a nuevos personajes, como el encargado del campanario, las nuevas brujas, el vecino de Hilda y, por supuesto, nuevas criaturas como el Kraken, Sigurd, el hombre del pantano, nuevos elfos y nuevos troles, de quienes aprenderemos más acerca de su forma de vida y sus pesares.

Fuente: Netflix

Como si haber logrado renovar y mejorar el éxito de la primera temporada no fuera suficiente, esta segunda entrega de Hilda finaliza con un episodio adaptado de la quinta novela gráfica de Luke Pearson, titulada Hilda and The Stone Forest y termina con un cliffhanger que a más de uno le quitará el sueño. Lo bueno de esto es que, probablemente, sea la puerta abierta hacia una más que merecida tercera temporada para esta serie que es una joya imperdible dentro del catálogo de Netflix.

Spoiler Show #11