Mother (Lazos de sangre) es uno de los estrenos silenciosos de finales de 2020 que llega a Netflix sin mayor anuncio (vamos, ni siquiera hay trailer en su canal de YouTube..), y que sin embargo es una de las recomendaciones más destacadas de la temporada.
¿Por qué DEBES ver la trama detrás de estos siniestros lazos de sangre japoneses?

Basada en hechos reales, la película cuenta la historia de Akiko, una madre soltera que utiliza a su hijo Shukei para obtener dinero y hacer toda clase de fraudes, a fin de sostener su vicio de juegos pachinko.
Esta siniestra historia de vida lleva eventualmente a un atormentado adolescente a cometer un terrible crimen, debido a un infundado «amor de hijo».

El director Tatsushi Ohmori (Bozo) logra plasmar con una narrativa sencilla y lineal una historia que desde el tráiler vislumbra su terrible climax, por lo que se centra en el tobogán que deteriora la psique de sus protagonistas. Decir que solo las efímeras 2 o 3 escenas iniciales donde el hijo comparte bellos momentos con su madre son lo ÚNICO positivo que veremos de esa mujer en todo el filme, es suficiente para saber que los valores humanos de la antagonista son nulos.
Las asombrosas actuaciones de Masami Nagasawa (la madre), Sho Gunji (Shuhei niño) y Daiken Okudaira (Shihei joven) llevan de la mano la historia con una química impresionante de la que pende el éxito de la cinta de principio a fin. Cuando un nuevo amante de Akiko aparece, la actuación de Sadao Abe en el papel de Ryo complementa de forma inquietante el elenco.

Hacia la mitad de la película hay un salto de tiempo que, no obstante, conserva la narrativa lineal y no obstante pone al cinéfilo en sintonía con los hechos de esa rota familia durante todo ese tiempo, añadiendo a la ecuación la existencia de una segunda hija, fruto del concubinato de Akkio con Ryo. La pobre pequeña se convierte en un elemento más para que la mala madre manipule al joven Shuhei de una forma todavía más descarada y tóxica.

Mother (Lazos de sangre) no es una película fácil de ver, mucho menos al saber que el final no es grato y que realmente sucedió en el Japón contemporáneo (como podría pasar en cualquier parte del mundo). No obstante, la maestría de Oomori para saber contar una historia y la moraleja de los hechos la hacen material indispensable para todo cinéfilo que disfrute del género y del buen cine de manufactura internacional.



