El pasado domingo 15 de Noviembre Patria, la serie de HBO basada en la novela homónima de Fernando Aramburu, llegó a su fin luego de ocho episodios. Difícil, dolorosa y sumamente bella, esta producción europea se consagra como una de las mejores de este 2020 a pesar de haberse enfrentado a algunas controversias y a tratar un tema que siempre despierta resquemores en el público.
La serie española conmueve y se convierte en una de las mejores del año


Patria es un relato acerca del terrorismo de ETA y su lucha por la independencia del País Vasco, es cierto, pero este relato no peca de lo que muchas veces vemos cuando nos acercamos a productos más hollywoodenses: no es adoctrinador ni demagógico, ni condena a uno u otro de los lados de esta historia. Patria se destaca porque se para en el medio y nos deja mirar a las dos orillas, a aquellos que sufrieron la violencia de ETA y a aquellos otros que reforzaron sus filas, sin juzgar las motivaciones de cada uno, rescatando las fortalezas y todo lo que hará posible, sobre el final de la serie, un reencuentro entre los dos lados y el merecido perdón.
Para contar un relato de este tipo, con estos matices, es necesario un elenco que sepa lo que hace y Elena Irureta y Ane Gabarain, quienes les dan vida a Bittori y a Miren, estas mujeres que alguna vez fueron amigas pero que el conflicto de ETA dejará paradas en veredas opuestas, definitivamente lo sabían. Tanto Bittori como Miren están atravesadas por el dolor, han intentado aferrarse a algo para poder seguir adelante, ya sea, en el caso de Bittori, la búsqueda del asesino de su marido o, en el caso de Miren, la causa de la independencia del País Vasco para justificar la atomización de su familia.

Sin embargo, Irureta y Gabarain no son las únicas que brillan en Patria. Los jóvenes de la serie, esos hijos que también se verán atravesados por esta historia, son igual de destacables. Desde Íñigo Aranbarri que le da vida a ese Xabier destrozado e incapaz de sentir luego de la muerte de su padre, pasando por Susana Abaitua que interpreta a la perdida Nerea, que lucha con las promesas familiares y su búsqueda de libertad, o Eneko Sagardoy, el tímido Gorka que lucha por su país con el lenguaje como espada, o Loreto Mauleón que nos muestra a esa Arantxa que ha perdido tanto o más que los demás y, sin embargo, sigue siendo la voz de la esperanza y hasta Jon Olivares, un actor que solo tenía experiencia en teatro y le tocó darle vida a Joxe Mari, el fortachón que se suma a ETA para luchar por la independencia.
José Ramón Soroiz y Mikel Laskurain tampoco se quedan atrás. Ellos interpretan a Txato y a Joxian magistralmente, una suerte de contracara de la amistad de Bittori y Miren, otro vínculo destrozado por el conflicto que atraviesa a todo un país. El ego, el temor y la culpa estarán presentes en estos personajes y, debo decir, las últimas escenas de Laskurain como Joxian son de mis favoritas en todo el show.

Además, Patria tiene en su haber un equipo de maquillaje, vestuario y peluquería que han hecho aún más fácil la labor de contar una historia que sucede en muchos tiempos diferentes. Gracias al nivel de la producción, los saltos temporales no hacen ruido y nos permiten ubicarnos velozmente en la historia para saber qué parte del conflicto estamos visitando.
Quizás, una de las posibles críticas a Patria (y una de peso, debo decir) es que no haya sido completamente (o casi completamente) realizada en euskera. La serie, de hecho, hace hincapié varias veces en la importancia del idioma para forjar la identidad de Euskal Herria, para fortalecer su cultura, los personajes incluso se burlan de otros que no saben hablar en este idioma, pero lo hacen desde el español. Es un detalle que, sin lugar a dudas, incomoda.

Patria es, sin embargo, una de esas producciones que quedarán en la memoria de todos. Con sensibilidad, tacto y maestría se mete en una problemática que todavía duele e intenta mostrarla sin dar juicios de valor. Los personajes, de uno y otro lado del conflicto, se hacen carne en el espectador, que encontrará difícil no derramar algunas lágrimas en ese final tan esperado, el del abrazo y el reencuentro.