#ReporteFICM18: Una mirada antropológica audiovisual a la inversa pero…

Yermo es el séptimo largometraje documental del realizador Everardo González y casi siempre, con algunas de sus excepciones, hace una mirada crítica a la sociedad mexicana y sus partes más oscuras. Su trabajo anterior a este, La libertad del diablo, ponía en cuadro, a manera de testimonio, a víctimas y victimarios del narcotráfico en México. Este ejercicio resultó en un trabajo impactante que terminó funcionando como un testimonio acerca de las consecuencias de la violencia en familias específicas que la han experimentado en carne propia en las zonas fronterizas entre México y EEUU.

En esta más reciente producción, Everardo González logra sin querer su mejor documental hasta la fecha. Él mismo ha dicho que Yermo nació cuando el artista visual Alfredo de Stéfano lo contrató para encontrar el mejor momento de luz en los 10 diferentes desiertos del mundo y para así realizar un trabajo visual acerca de los habitantes de estos lugares. De esta manera lo que hoy existe en Yermo pretendía ser el estudio del terreno en el que este artista visual iba a trabajar antes de sus sesiones fotográficas. Así el realizador cinematográfico se dio cuenta que estaba naciendo una visión del mundo que nunca había observado hasta ese momento y que las imágenes que estaba captando eran más poderosas en sí mismas que el making of para el que lo habían contratado.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=c_-iGRXuKTQ

Es muy curioso que esta cinta, carente de un discurso en sí (me refiero a que a diferencia de sus anteriores, no hay un objetivo de denuncia social que justifique la propia mirada que Everardo está dando) es simplemente el nacimiento esporádico de la curiosidad de seguir filmando imágenes que lo único que tienen en común es el desierto y la gente que vive entre toda esta nada llena de arena y piedras. Estas secuencias tampoco están segmentadas por áreas geográficas específicas; el realizador piensa que al indicar el lugar de donde se tomaban esos videos, entorpecía y ensuciaba el discurso improvisado del idioma del documental. Sin embargo, al tener ya todas las imágenes juntas en un pietaje, el proyecto dio otro giro de tuerca en el terreno de la postproducción. Everardo González, al recibir las traducciones de transcripciones sobre los diálogos que los propios habitantes de esos lugares tenían entre ellos, se dio cuenta que el material funcionaba más como un espejo invertido que reflejaba una mirada de los observados a los observadores.

Lo anterior hace de esta producción una aún más interesante porque el documentalista, quien regularmente se dedica a estudiar, en este caso gracias a la barrera del idioma, no se percata que en ese momento el observado y estudiado era él mismo por aquellos a los cuales él estaba estudiando. De este modo el espectador, al leer los subtítulos de estas pláticas, se da cuenta de la visión acerca de nosotros mismos que tienen estos seres humanos que viven alejados de todo, pero cercanos a ellos, en yuxtaposición de la sociedad moderna a la que pertenecemos que, a pesar de estar ahora mismo tan conectados, estamos ajenos e indiferentes a todo.

Yermo toma una fuerza visual y de discurso muy fuerte que da al espectador una perspectiva que probablemente nunca había visto en un documental y eso lo hace merecedor de poder apreciar sus distintos puntos de vista, acompañados de poderosos paisajes que enmarcan con gran brutalidad una sociedad brillante y escondida en lo más recóndito de la Tierra: huellas que dejan testigos en la arena de una existencia interesante y solitaria al mismo tiempo.

Pero...

El documental es una técnica cinematográfica poderosa que es poco vista en nuestro país porque regularmente, o eso piensa a veces el espectador, que carece de un tema interesante que nos trastoque, sin embargo es este tratamiento el que más nos acerca a nuestra realidad como ciudadanos del mundo en el que vivimos y nos hace partícipes de culturas que no pensábamos que existían y mucho menos de visiones distintas a nosotros.

En resumen

Yermo de Everardo González es un fino trabajo que demuestra que los mundos que pensamos que son ajenos a nosotros no lo son tanto, sino al contrario: somos lejanos al pensar que sufren por su manera de vivir, pero sin ellos somos nosotros los que la pasamos mal por la modernidad en la que vivimos.

Spoiler Show #11