Ningún país está exento de injusticias. Por más de 100 años, en Canadá existió un sistema escolar de residencias para indígenas, el cual separaba a los niños y niñas de sus familias y tradiciones para educarlos en la cultura canadiense a través de la fe cristiana. Esto resultó en una serie abusos e injusticias que hasta la fecha ha dejado un legado de violencia en aquellos que se vieron afectados así como en sus familias. Lo anterior, es un tema importante para la cinta Indian Horse (Indian Horse: un espíritu indomable), la cual cuenta la historia de Saul, un niño que se enfrenta a la discriminación y el racismo en Canadá durante su intento por convertirse en un jugador de hockey profesional.
Un melodrama disparejo que solamente funciona cuando se enfoca en el hockey

Dividida en 5 periodos de tiempo distintos, Indian Horse inicia con el pequeño Saul (Sladen Peltier) y su familia huyendo de las autoridades canadienses, las cuales buscan colocar a Saul y a su hermano mayor en residencias escolares especiales para indígenas. Sin embargo, tras la súbita muerte de su hermano, los padres de Saul deciden regresar a buscar a un sacerdote bajo la premisa de que esta es la única manera de que su hijo entre al cielo. Esta decisión deja a Saul con su abuela Naomi (Edna Manitowabi), la cual trata de llevarlo con sus ancestros, pero quien en el camino también muere a causa del mal clima. No pasa mucho tiempo antes de que Saul sea encontrado junto al cadáver de su abuela y obligado por las autoridades canadienses a asistir a una de las escuelas designadas para niños como él. Ahí, Saul (también interpretado por Forrest Goodluck y Ajuawak Kapashesit en su versión joven y adulta, respectivamente) conoce al sacerdote Gaston (Michiel Huisman), el cual le inculca el amor por el hockey que más tarde le dará la oportunidad de una mejor vida como jugador profesional de este deporte.

Basada en el libro escrito por Richard Wagamese (hijo de padres que vivieron este sistema de escuelas en Canadá) y dirigida por Stephen Campanelli (Momentum), Indian Horse es un melodrama que a veces funciona por los importantes temas que revisa a través de la historia de Saul. También didáctica en sus intenciones, la cinta es irregular por todo lo que quiere hacer en tan poco tiempo y en tonos tan distintos. Si bien la infancia de Saul se desarrolla como un melodrama que pudo haber sido producido por Hallmark Channel o Lifetime, su adolescencia y su vida adulta están contadas como un efectivo drama de deporte que no logra deshacerse por completo de lo empalagoso que resulta todo el esfuerzo. A lo largo de la cinta, el director Stephen Campanelli nunca decide qué tipo de historia quiere contar y qué es lo que quiere transmitirle a la audiencia con la historia. En menos de dos horas, Indian Horse toca temas de discriminación, racismo, abuso, violación, adicciones y clasismo; sin embargo, aunque siguen siendo discusiones difíciles e importantes de presenciar en la pantalla grande, el guión no profundiza ninguno de estos conceptos.
Asimismo, ninguno de los personajes (a excepción de Saul) obtiene un desarrollo que nos permita conocer sus motivaciones, lo cual los convierte en estereotipos fáciles de reconocer. Por todo esto, el filme no puede ocultar su naturaleza de adaptación, lo cual resulta frustrante por las partes que logran brillar y levantar al proyecto en algunos momentos. Cuando Campanelli explora el mundo del hockey y el lugar que Saul tiene dentro de un deporte predominantemente blanco, Indian Horse se convierte en una película mucho más interesante y efectiva, ya que el «mensaje» llega al espectador de una manera mucho más sutil que el resto de la historia. De igual forma, la cámara se vuelve más sofisticada cuando Saul se encuentra en una pista de hockey, ya que retrata los partidos y el entrenamiento del protagonista de forma más dinámica y propia de la pantalla grande; no obstante, cuando Saul está lejos de este deporte, la producción parece de bajo presupuesto (el maquillaje que Ajuawak Kapashesit porta en la vejez del personaje, por ejemplo, es risible considerando que pudieron haber conseguido otro actor para interpretar a Saul durante esta época) y de calidad televisiva. Por otra parte, la fotografía de Yves Bélanger, a pesar de tener encuadres y composiciones con una destacada calidad estética (en especial en las escenas de exteriores), sorprende por no tener ese toque de realismo que destacó en otros de sus trabajos como Brooklyn (2015) o las series Big Little Lies y Sharp Objects.

Otro de los aspectos más desconcertantes del proyecto es la voz en off del protagonista durante algunas partes de la película. No suficiente con el score que acentúa el melodrama y las escenas que están construidas para provocar una emoción fácil en el público, también está presente este voiceover que resulta manipulador al repetir lo que el espectador ya está viendo y escuchando en pantalla a través de la música. Afortunadamente, la historia evita caer en un cliché durante el clímax de la cinta, pero por todo el realismo que tiene el desenlace y que es congruente con el trauma que ha vivido el protagonista, la película vuelve a dar un paso en falso al revelar las verdaderas intenciones del padre Gaston (Huisman) y que resultan forzadas en este punto del relato.
A simple vista, es fácil de entender cuál es el atractivo de contar una historia como esta y la importancia que tiene el revisar uno de los capítulos más vergonzosos en la historia de Canadá (y que todavía es relevante a muchos otros países donde existe la discriminación a grupos indígenas). Y aunque Indian Horse merece una oportunidad por las cosas que hace de forma correcta (la más notable de todas contar la historia de un grupo marginado) y por poseer todos los elementos para hacer un drama que resuene con la audiencia, el resultado final es superfluo y lleno de decisiones que chantajean a la audiencia para sorprenderla con trucos narrativos fáciles que disminuyen la calidad de la historia.
