Pocas franquicias o propiedades intelectuales japonesas gozan de tanta popularidad y reconocimiento a nivel global como Pokémon. La historia de estos pequeños monstruitos atrapables que nació como un videojuego de Game Boy a mediados de la década de 1990 se expandió por todo el mundo dando paso a una exitosa serie de anime, diversos mangas, cartas coleccionables, juguetes de todo tipo, más juegos para consolas, peluches, merchandising, ropa y objetos coleccionables de todo tipo hasta convertirse en un fenómeno de masas que cautivó a más de una generación.
Un detective peculiar domina la pantalla grande


El lore y la historia de la saga también se expandió: de los 151 pokémones originales pasamos a más de 800, se descubrieron nuevas regiones y protagonistas a lo largo de varias temporadas de anime y películas animadas. Sorprendentemente, esta franquicia ultra popular nunca amagó a dar el salto a la gran pantalla en live-action. El antecedente más cercano de un film basado en una propiedad de Nintendo es la fallida Super Mario Bros. (1993), un fiasco de 50 millones de dólares que se las arregló para fracasar aún con actores de la talla de Bob Hoskins y Dennis Hopper (casualmente, esta fue la primera película basada en un videojuego; de ahí en más, la mayoría de los films basados en videojuegos cargarían con la «maldición» de estar más cerca de ser una bazofia que una genialidad).

Para esta incursión cinematográfica Legendary Pictures, The Pokemon Company y Warner Bros. Pictures decidieron alejarse de las tramas ya conocidas del popular anime y los juegos de Game Boy para probar con una propiedad un tanto desconocida para el público general. Detective Pikachu es un juego de aventura del 2017 en el que el jugador se dedica a resolver misterios con una versión parlante del popular pokémon de Ash Ketchum. Este juego recibió críticas mixtas (aunque fue bien recibido por los fans de la franquicia) y parecía la ventana ideal para introducir el mundo de Pokémon al cine sin tener que «quemar» las historias ya conocidas: con ustedes Pokémon: Detective Pikachu.

El joven Tim Goodman (Justice Smith) vive una aburrida y rutinaria vida junto a su abuela, alejado del mundo de los pokémones y de su padre ausente. Todo cambia cuando recibe la triste noticia de que Harry, su padre, se encuentra desaparecido tras un grave accidente automovilístico. Debido a eso, deberá viajar a la imponente Ryme City (una metrópolis donde los pokémones conviven en armonía junto a los humanos en lugar de vagar salvajes por el mundo o acompañar a entrenadores) a enterarse de los pormenores del caso.
Grande será su sorpresa cuando descubra a un pokémon que se hace llamar Detective Pikachu (Ryan Reynolds) ¡y habla! Sí, esta encarnación de Pikachu puede comunicarse únicamente con Tim y pretende descubrir la verdad detrás de la desaparición de Harry, su compañero en el departamento de policía. Juntos se internarán en los submundos criminales de Ryme City y ayudarán a Lucy (Kathryn Newton), una joven reportera que intenta descubrir una conspiración que amenaza a la ciudad (ella siempre acompañada por su fiel Psyduck).

A la hora de hablar de sus virtudes, el principal punto a favor de Detective Pikachu es la forma en que lleva a la práctica la realización de este «mundo pokémon«. El worldbuilding es su fuerte, Ryme City se siente viva y vibrante y la forma en la que trasladaron el diseño de los pokémones al CGI realista es excelente. Sin la necesidad de reinventar la rueda, los icónicos bichitos del animé están plasmados ahí, en todo su esplendor. Nada está alterado en cuanto al aspecto de cada especie y los pocos cambios que hay solo mejoran el apartado visual. Cada pokémon tiene una textura un brillo y unos matices de color distintos (los que tienen pelaje cuentan con una abundante pelambrera animada pelito por pelito; puedes contar cada pluma en la superficie de los tipo ave o las escamas de los reptiles y el brillo en la piel viscosa de los anfibios). La estética general de la ciudad se destaca con su estilo futurista a la Blade Runner y sus calles oscuras salpicados por las luces de neón.
La película sabe que algunos de estos pokémones son pequeñas máquinas de generar risas o ternura y sabe cómo explotar las características de cada uno para despertar algo en el espectador: desde el aspecto adorable de Jigglypuff y Squirtle, las situaciones divertidas que permite la naturaleza de Psyduck y Mr. Mime o la amenaza que representan los temibles Charizard y Greninja.

Las grandes falencias de la película radican en el apartado del guion. Los diálogos están cargados de exposición por momentos, todo giro o gran revelación es leída explícitamente al espectador como si la película quisiera asegurarse de que está entendiendo todo (lo cual es raro, teniendo en cuenta lo simplona que es la trama). La premisa de una aventura en un mundo poblado de pokémones es súper atractiva y el film jamás cae en la solemnidad ni se trata a sí mismo demasiado en serio pero todo el aspecto de investigación y misterio policial se queda bastante corto por la liviandad de la historia.
El principal pecado de la película es presentar un personaje principal tan aburrido y poco atractivo. Tim, el personaje de Justice Smith, jamás logra conectar con el espectador y termina siendo un simple eje sobre el cual revuelve la trama. Todo lo que aparece en la película es por defecto más interesante que él (incluyendo a sus co-protagonistas, Pikachu y la joven periodista Lucy) y su inexistente personalidad se diluye en ese atractivo mundo que la película construye.

Pokémon: Detective Pikachu no puede evitar caer en el estereotipo de «película de entrada» para iniciar una franquicia o universo cinematográfico. Se la nota más preocupada por crear un escenario interesante y atractivo que por desarrollar correctamente la historia y presentar un protagonista interesante. Pero el apartado visual, el carisma de la voz de Ryan Reynolds y la presencia de los pokémones llevada tan bien a la gran pantalla le alcanzan para aprobar con lo justo y dejarnos con ganas de ver algo más de lo que pasa dentro de Ryme City.