Un norteamericano y un noruego se encuentran en un bar de Afganistán o Iraq…
Así podría empezar una broma, pero resulta muy interesante realizar comparaciones, en este caso entre Nobel-gran serie de Netflix– y la superlativaGeneration Kill (HBO). Sí: ambas excelentes.
Entremos en esta serie del gigante del streaming a través de la comparación.
Erling en el medio de las pujas
1
En Generation Kill, los norteamericanos se muestran pasados en sustancias químicas, abriéndose paso a los tiros por Iraq, matando lo que camine y rematando a lo que ya no, a los gritos y festejando estar por fuera del espectro ético normal (como esperamos que se comporten). En Nobel, los fríos noruegos, superentrenados en el combate y en el trato humano. Veremos aquí a estos últimos, pero recomendamos también que lean nuestro análisis y atestigüen a Generation Kill.
En Oriente Medio, los políticos en sus tareas
La narrativa de Nobelse desliza desde el “presente” en Noruega (señalado prolijamente con su fecha), al pasado inmediato (indicado con el “tantas semanas atrás”) en Afganistán.
Nuestra vivencia transcurre a través de los ojos de Erling Riiser (Aksel Hennie), quien retorna del país de oriente. Si somos cuidadosos televidentes notaremos ciertas peculiaridades del grupo que desciende del Hércules, que luego veremos desarrolladas.
2
La idea de Erling es reprimir todo su sentir respecto a su tarea militar y volver a la vida “civil-familiar”, con su esposa Johanne (genial Tuva Novotny) e hijo.
Aquí es cuando Noruega (casualmente, la patria del Nobel de la Paz) se interpone en su plan: su crío tiene la existencia llena de preguntas sobre su padre ¿qué hace? sí: mata; su mujer, alta ejecutiva del Ministerio de Relaciones Exteriores, se pasa la mayor parte del tiempo apagando incendios políticos, en las proximidades a la firma de un importantísimo acuerdo por el petróleo afgano.
En el medio le llega a Erling la orden de asesinar a un caudillo de aquel país, responsable de la muerte y mutilación de compañeros, y a una refugiada. Este personaje está en Noruega para “recuperar” a su fugitiva esposa. Cumplida la tarea mortal, estalla el caos. La idealidad nórdica queda reducida a añicos.
Johanne Riiser, sobrepasada...
Aparece, en este momento, el desarrollo por detrás de lo que hacen los personajes: ¿Qué hace la dirigencia del país nórdico ante situaciones posiblemente contrarias a lo ético? ¿Cómo explican la reacción irracional, pero humana, en un teatro de operaciones? Porque a una situación totalmente ilegal (orden de asesinar), de fácil resolución moral, se le adosa una acción que la justifica y ahí nos hacen pensar.
Hay una muy correcta adaptación del compañero mutilado a tareas de comunicador de la fuerza militar…
3
Diferente a lo que EEUU nos acostumbra (dispare primero, pregunte después), pero demasiado frío tratándose de gente que el gobierno mismo manda a combatir a otro país,
es interesante cómo aquí también vemos la deshumanización de la persona a la que antes se le dio un fusil y la comanda letal, sufriendo el abandono familiar y estatal. Quién se mantiene firme en defensa de los suyos, y quién en contra.
A veces, tenés el dedo en el gatillo... a veces, te tienen en la mira
Finalmente, cuando Erling se “abre” y le narra a su mujer qué lo atormenta de lo que hizo “allá”, es castigado con el rechazo (episodio 5, escena en el coche): no hay un abrazo ni una palabra de confort, todo es tensión. Son sociedades ajenas a la calidez; de hecho, él no reprocha esta distante actitud. Hete aquí una apostilla por demás interesante: el sentimiento de la serie aflora con el único que vive alejado de la sociedad. Se trata del padre de Erling. Según se nos informa, era un gran jinete, hasta que un accidente lo deja fuera de competencia y adicto a los opiáceos (los compra su hijo); vive en su granja, rodeado solo de caballos, pero es el que se permite decir lo que siente, llorar, abrazar. Una ironía interesante.
Entre tejes y manejes, políticos y económicos (mayormente por el negocio del petróleo y la obtención del Nobel de la Paz) se termina de desarrollar la historia. Todo desenlace, finalmente, es político, pero los pedazos los juntan los soldados.
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