El mal momento de Oliver y Barry

La cuarta temporada de The Flash y la sexta de Arrow coincidieron en una cosa: su bajo nivel.

Las series venían, sin embargo, de lugares bien distintos. Por un lado, The Flash había atravesado su peor temporada desde sus comienzos allá por el 2014, la tercera, con ese villano insoportable, Savitar, que amenazaba al personaje que menos le importa al público: Iris West.

Arrow, por su lado, estaba en su momento de gracia. Luego de un par de temporadas dudosas, había remontado con la quinta, con un villano magistral como lo fue Adrian Chase. Además, había logrado cerrar el ciclo de flashbacks de los cinco años de Oliver desaparecido. Si bien intuíamos que la sexta temporada iba a tener que ser de adaptación a una nueva dinámica, nunca pensamos que podría volverse tan tortuosa.

The Flash necesitaba una temporada de reivindicación luego de Savitar. Con Arrow, sabiendo que la serie había sido pensada originalmente para cinco temporadas, podíamos esperar cierto periodo de adaptación y, tal vez, hasta una nueva estética. Sin embargo, ambas series fallaron estrepitosamente con temporadas lentas, largas, melodramáticas y con villanos absolutamente aburridos.

Analicemos en detalle lo sucedido en estas dos temporadas.

Por el lado de The Flash, debemos decir que nos entusiasmamos en un primer momento. Hasta el séptimo episodio, Therefore I am, donde se narraba un poco del pasado de Clifford DeVoe, creíamos que por fin íbamos a poder olvidarnos del fracaso de la tercera temporada. Sin embargo, los 23 episodios le sobraron por todos lados al corredor escarlata, que se dedicó a cometer una y otra vez los mismos errores hasta el hartazgo de todos sus espectadores. El villano, por su lado, también cayó en la repetición y en la obviedad de convertirse en alguien tan monstruoso que todos anticipamos que su propia amada, Marlize, terminaría volviéndose en su contra.

Además, muchos problemas actitudinales. Entrenando a Ralph Dibny el siempre adorable Barry Allen mostró su costado más ególatra y soberbio, generando desagrado.

Otra gran falla fue la aparición de la hija de Barry e Iris del futuro. Llamada Dawn Allen en los cómics, aquí quisieron sorprendernos llamándola Nora.

Desde el crossover (S04E08) todos, hasta los más ajenos al mundo de los cómics, nos habíamos dado cuenta que el personaje interpretado por Jessica Parker Kennedy era la hija del matrimonio WestAllen. La demora en demostrarlo sólo generó hartazgo. Y el cambio de nombre final fue directamente ridículo.

 

Los pocos aciertos de la temporada fueron la trama de Killer Frost (probablemente lo que nos sostuvo a todos como espectadores), Ralph Dibny ganándose poco a poco su lugar, los pases de comedia entre Cecile y Harry y, por fin, devolverle a Iris su lugar de periodista. Si bien tuvimos que sufrir un episodio donde la vimos de speedster (intuyo que para poder incluir la campera en Dawn/ Nora y hacerla creíble inmediatamente), el retorno de Iris a su campo de trabajo es más que celebrado.

El final de temporada, obvio, con una Marlize luchando contra su amado Clifford y una Allen viajando al pasado para alterar la línea temporal, fue directamente aburrido. The Flash deberá trabajar mucho para reconciliarnos con su protagonista y con su historia.

Si pasamos a Arrow, nos sucedió algo similar. Un nuevo team Arrow establecido, un villano interpretado por Michael Emerson (que era difícil que fallara) y un Oliver que debía formarse como padre luego de los eventos del final espectacular de la quinta temporada, con Lian- Yu explotando gracias al suicidio de Adrian Chase.

De nuevo, los 23 episodios sobraron por todos lados. Hubo inclusiones ridículas (el retorno de Deathstroke, por ejemplo, por más que nos encante ver a Manu Bennett, pasó sin pena ni gloria), melodrama de sobra y, de nuevo, traiciones obvias que se podían predecir desde casi el principio de la temporada.

La primera gran falla de esta temporada fue reemplazar a Michael Emerson en su rol de Cayden James como villano por el básico Kirk Acevedo como Ricardo Díaz. Un hacker súper inteligente por un matón mafioso nunca, pero nunca es un buen trueque. Y si encima a ese matón de los bajos mundos lo ponemos a pelear con Oliver Queen a puños limpios y lo hacemos ganar, directamente rompemos toda la verosimilitud de la serie. Oliver Queen es quien derrotó al mismísimo Ra’s Al Ghul, el heredero de la Liga de los Asesinos, ¿y pierde con un matón como Díaz? Imposible de creer.

La inclusión del Cuadrante, esa élite de mafiosos a la que Díaz tanto aspiraba, fue otra gran desilusión. Una élite de mafiosos de alta sociedad podría habernos traído las historias de Oliver en la primera temporada, cuando luchaba contra los hombres que su padre tenía anotados en la libreta. Sin embargo, este grupo tan duro y sofisticado fue eliminado por Díaz en dos episodios. Su inclusión fue otra de esas cosas inentendibles, que sólo sumaron huecos a la trama. 

Por otro lado, la necesidad de separar al Team Arrow, de poner a Oliver en el lugar de odiado por todos, con todo el melodrama de Dinah y su ex pareja, más Curtis (que, seamos honestos, nunca nos cayó del todo bien porque es un falso Cisco) y René, Diggle enojándose porque no es Green Arrow (ridículo, lo sé), fue una catarata de episodios que no tenían ni pies ni cabeza y que eran más dignos de una telenovela que de una serie de acción. 

Para peor, todas estas rencillas domésticas desembocaron en un episodio final en el que Oliver se la pasó dando discursos en privado disculpándose y diciendo cuán orgulloso estaba de todos una y otra y otra vez.

Y si seguimos sumando catástrofes, está el lamentable y obvio papel de Quentin Lance, tratando de salvar a su hija (que no es su hija) y por la que sabíamos que iba a dar la vida una vez que nos enteramos que el actor, Paul Blackthorne, abandonaba el Arrowverse.

Y ya que hablamos de Laurel Lance, versión Black Siren, como en el caso de The Flash, cuando supimos desde un primer momento que Marlize iba a traicionar a DeVoe, aquí también supimos desde un primer momento que Laurel iba a traicionar a Ricardo

La despedida de Thea, con el regreso de Roy y la reaparición de Nyssa y los restos de La Liga, parecen sacados de otra temporada y en nada colaboraron con la trama que estábamos atravesando. Tal vez para, finalmente, darle el divorcio (innecesario) a Oliver por parte de Nyssa, para legitimar su relación con Felicity.

Y ya que hablamos de Felicity, no creo que haya un personaje más estancado en todo Arrow. Seis temporadas después sigue siendo la damisela en apuros que hace cosas apresurada y a quien Oliver sigue teniendo que sacar en brazos con explosiones de fondo para que todo parezca más heroico. En The Flash, dijimos que uno de los pocos aciertos, era haber devuelto a Iris a su rol de periodista. Podrían haber hecho lo mismo con la empresa de Felicity y Curtis, pero eso quedó de lado y se perdió entre todo el drama familiar de Oliver, su hijo (que se ve un poco grande para el rol de niño inocente que le están dando) y el matrimonio. 

Analizando ambas temporadas, creo que queda claro que los 23 episodios les están quedando largos tanto a Arrow, como a The Flash. Si pensamos en el reciente estreno (y exitoso) de The CW, Black Lightning, y en la gran temporada que tuvo Legends of Tomorrow (otro producto del Arrowverso), descubrimos que ambas series tienen temporadas de menos capítulos. Tal vez el secreto para no caer en la desgracia, como han caído Oliver Queen y Barry Allen, se encuentre por allí. 

En temporadas más breves, la acción se concentra, es decir, no se diluye en tramas que a nadie le interesan y, además, no nos da tanto tiempo para predecir con lujo de detalles lo que va a suceder.

Creo que es momento de que The CW tome nuevas direcciones con ambas series, antes de que sea demasiado tarde. 

Spoiler Show #11