Una nueva temporada de Black Mirror ha desembarcado en la popular plataforma de streaming y no queda más que replantearnos: sabíamos que esto pasaría. Recordemos que en 2016 fuimos testigos de los primeros pasos en el proceso de americanización de la ficción antológica creada por Charlie Brooker. Con más capítulos que de costumbre y una singular cuota de optimismo, la tercera temporada de la serie- de ahí en más presentada como una producción original de Netflix– marcaban el fin y el comienzo de una etapa. Los fans no tardaron en salir a responder y más allá del hype que resultó el cuarto capítulo bautizado San Junípero, se formularon algunas críticas en cuanto al cambio de tono. La mayor duda se centraba en qué ocurriría con la cuarta temporada: ¿Nos encontraríamos finalmente ante la edificación de una nueva serie o acaso Brooker modificaría el rumbo en pos de recobrar la esencia? He aquí los resultados.
Antes de comenzar a desarrollar una por una las impresiones que nos dejaron los 6 nuevos episodios, es menester hacer dos pequeñas aclaraciones al respecto. La serie es una de las propuestas más cinematográficas dentro del género distópico y, dicho sea de paso, una de las favoritas de quien suscribe. Incluso el peor capítulo de esta ficción tiene un trabajo visual y narrativo que demuestra calidad dentro del mercado audiovisual. La segunda va dirigida exclusivamente a aquellos lectores que recién deciden iniciarse en este universo: Black Mirror no es una serie que postule reflexiones en base al miedo a la tecnología, sino al uso que el ser humano y las corporaciones pueden hacer de ella. Quien haya querido venderles la imagen de su creador como la abuela que se queja del celular arriba de la mesa está muy equivocado, puesto que Brooker se ha descrito así mismo como un amante de la tecnología en más de una ocasión. Dicho esto, es momento de ponerse a analizar los altos y bajos de la cuarta y última temporada.
1 USS Callister
El capítulo más nerd de Black Mirror es una space-ópera que rinde homenaje a la saga de Star Trek. El inicio resulta bastante confuso hasta que descubrimos que se trata de un revolucionario videojuego llamado Infinity, en donde el participante puede crear y gobernar su propio mundo. Jugando a ser Dios, el programador Robert Daly diseña un universo basado en su serie de ciencia ficción favorita: Space Fleet. Pero Daly ha ido aún más lejos de lo planeado y a través de pequeñas muestras de ADN logra generar réplicas exactas de sus compañeros de trabajo. Dirigido por Toby Haynes (Doctor Who), este episodio rompe un poco con el estilo de Black Mirror y nos ofrece una brillosa y colorida fantasía virtual repleta de reflexiones, parodias y ocurrencias. Pese a que el tema de los duplicados ya había sido tocado previamente en episodios como el especial navideño, aquí se propone analizar la fascinación del ser humano por el control y la ineludible rebelión de las masas, aunque siempre de manera superficial. La extensión innecesaria resulta más amena gracias a las magníficas actuaciones de Cristin Milioti y Jesse Plemons, dos caras conocidas dentro del ambiente seriefilo. Una de las propuestas mejores logradas de esta temporada, aunque alejado del clima angustiante y tenso al que la serie nos tiene acostumbrados.
Black Mirror
2 Arkangel
El segundo capítulo de la cuarta temporada puede que sea con el que más fácil logremos empatizar, dado que toca un tema tan habitual como la sobreprotección maternal. La actriz Jodie Foster se coloca en el rol de directora para entregarnos un relato sobre una madre obsesiva e insegura que puede monitorear todos los movimientos de su hija mediante la colocación de un chip. Este sistema, bautizado Arkangel, permite también controlar lo que su pequeña ve y así filtrarle aquellas imágenes violentas que puedan provocarle cierta ansiedad. A medida que pasa el tiempo, observamos los efectos negativos que produce en la niña el crecer con una realidad parcializada y cómo la madre es capaz de traspasar todos los limites de la privacidad con tal de protegerla.Un episodio bastante predecible, donde nuevamente nos encontramos con los benditos granos insertados en la cabeza. La trama es simple, cae en lugares comunes y no explota todo lo que debiera la construcción de la psiquis de una menor que en sus primeros años de vida sufrió el control de sus emociones. Una idea interesante que termina siendo desperdiciada y por ello se sitúa entre lo menos sorprendente de esta estrega.
3 Crocodile
Estamos más ante un mediometraje de suspenso que un episodio de Black Mirror. La historia está protagonizada por Mia (Andrea Riseborough), una exitosa arquitecta cuyo pasado está marcado por un crimen que nunca salió a luz. Durante un viaje de conferencia, recibe la visita inesperada de alguien que está dispuesto a develar el secreto y poner en peligro toda su carrera y su familia. El capítulo presenta ciertas similitudes con The Entire History of You, ya que reaparece la idea de los recuerdos accesibles gracias a la tecnología. Acompañada de una bella fotografía nórdica, la narración funciona como una bomba de tiempo y todos los caminos terminan conduciendo a Mia. No es en este caso el aparato tecnológico y sus implicaciones éticas el centro de la cuestión, sino más bien, lo que es capaz de llegar a hacer un ser humano para conservar su reputación. El capítulo se ve empañado por algunas inverosimilitudes, pero aun así logra un relato atrapante con un final irónico y asombroso.
4 Hang the DJ
Algunos ya la han catalogado como la nueva San Junípero, pero lo cierto es que este episodio dista bastante de aquella mágica historia de amor que desafiaba los límites de la materia.Hang the DJ nos introduce en una realidad distópica donde las relaciones sentimentales dependen de un programa de citas que determina cuanto tiempo deberán estar unidas las parejas. El sistema propone encontrar a la media naranja mediante estadísticas y para ello la persona deberá renunciar a su libre albedrío y someterse a las reglas por más inadmisibles que sean, porque como dice la voz de la compañía todo ocurre por una razón. Es así como conocemos a Frank y Amy (Joe Cole y Georgina Campbell), dos jóvenes participantes que el sistema empareja para luego volver a desunir por un largo periodo. El capítulo es una crítica a los programas como Tinder que facilitan las relaciones esporádicas en una sociedad donde el amor se convierte en un valor de cambio. Con el tema Panic de The Smiths que nos trae a la memoria los recuerdos del episodio ochentero de la serie, el final deja abierto un atisbo de luz entre tanta penumbra. No todo está perdido.
5 Metalhead
Como hemos apreciado anteriormente, el creador de la serie ha optado por reciclar varias de sus ideas en esta temporada. Este ínfimo relato quizás lo podríamos denominar como un autohomenaje al aclamado White Bear, perteneciente a la segunda temporada de la serie. Ambientado en un paisaje postapocalíptico, el relato sigue a un grupo de personas cuya misión es rescatar una misteriosa caja que situada en una fábrica abandonada. Pero no todo resulta tan sencillo: el lugar está custodiado por unos robots asesinos llamados perros, una suerte de demogorgos versión Brooker. Uno de los robots consigue aniquilar a los dos hombres del grupo, pero deja escapar a Bella (Maxine Peake), quien será víctima de una persecución despiadada durante todo lo que resta del episodio. Finalmente, he aquí la pieza que mejor consigue proyectar el espíritu de Black Mirror en esta temporada. Rodada en blanco y negro bajo la dirección de David Slade (Hard Candy; 30 Days of Night), la historia representa un cuento de terror vertiginoso, minimalista y desesperanzador.Pese a ser muy acertada en su tono, Metalhead carece de la profundidad reflexiva de otros capítulos. Su premisa es simple: o corres o mueres.
6 Black Museum
El sexto capítulo es en parte una adaptación del relato Pain Addict del escritor Penn Jillette y está compuesta por tres historias cortas. Todo comienza cuando la joven Nish (Letitia Wright) llega al Museo Negro, un extraño espectáculo de artefactos criminales que se encuentra a un costado de la carretera. Mientras espera que se termine de cargar la batería de su auto, Nish recorre el museo guiada por el dueño Rolo Haynes (Douglas Hodge), que relata el oscuro pasado de los objetos allí presentes. Los tres actos se proponen profundizar sobre la adicción al placer, la identidad, el morbo y la venganza, siendo el último acto quien cohesiona a todos y resignifica el capítulo. Una historia siniestra e inquietante que se encuentra en sintonía con el popular White Christmas y que resume a la perfección de que se trata esta colección de horrores llamada Black Mirror.
En definitiva, podemos decir que esta temporada ha sido bastante irregular y la metamorfosis de la serie británica se hace cada vez más notable. Los avances tecnológicos son reciclados con el fin de experimentar otras temáticas, sin embargo, la narración muchas veces no acompaña y el ritmo se torna cansino. No es una entrega para nada desechable, pero probablemente al finalizar cada capítulo el espectador no quede pasmado o al borde del llanto como en otras épocas. Por lo pronto, preferimos atesorar la sensación de combinación perfecta entre el Black Mirror viejo y el nuevo que es aquel último episodio.
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